La Historia, Numero Uno

La Libertadora temía a un Cadaver

La Libertadora le Temia a un Cadaver

La madrugada del 23-11-1955 era robado del segundo piso del edificio de la CGT, el cuerpo embalsamado de «Esa mujer» como la describió Rodolfo Walsh en su escrito.

Actuando de noche, como lo hacen -y lo hicieron siempre- los gobiernos autoritarios, el Teniente Carlos E. Moori Koening (cuyo nombre significa, casi como un guiño a la más nefasta posteridad, Rey de la Ciénaga) junto al Mayor Arandia y otros colaboradores, se llevaron el cajón de cristal.
En su locura, el tal Moori Koening, manoseaba y hasta llego a violar repetidas veces el cadáver, hecho luego comprobado fehacientemente. Lo escondió en distintos lugares, lo trasladaron incontables veces pero, cual si fuera una versión argentina de El Corazón Delator de Poe, estaba convencido qué un comando Peronista iría en su rescate. La coyuntura del país, el hervidero social imperante, su propia locura y manía de persecución, sumado a la extraña aparición de ramos de No me Olvides –hecho documentado que nunca tuvo una explicación-, potenciaban su paranoia y su locura.
El derrotero del cadáver de Evita llevó al Mayor Arandia a ocultarlo en su casa. Una madrugada vio un bulto, sintió un ruido y, preso por la misma paranoia de su antecesor, disparó su 9 mm en la penumbra… matando a su esposa embarazada… La maldición de Evita pesaba sobre sus captores.
El escándalo, tapado por la prensa, llevó al Teniente Cabanillas a hacerse cargo de un nuevo «Operativo Traslado» y en conjunto con Teniente Coronel Lanusse y la complicidad de la Iglesia de la Orden de San Pablo, Nuestra Evita fue sacada en su ataúd de cristal del país que la amaba y la vio nacer y morir por su causa. Se la enterró en Milán, bajo el pseudónimo María Maggi de Magistris. Hecho que contó con la bendición del Papa Pio XII, notable y confeso anti comunista. La farsa orquestada logro que, durante 14 años pocas personas conocieran la verdadera identidad de la difunta enterrada allí; la hermana de la Orden religiosa la conocida Tía Pina, le llevó flores, desconocemos si fueron No Me Olvides pero… ciertamente no fue olvidada nunca.
Durante el secuestro de Aramburu, la organización Montoneros, realizó una ardua negociación con Cabanillas para lograr la recuperación del cadáver.
Finalmente, dañado, maltrecho, ultrajado, maldito y abandonado durante más de 14 años en una tumba que no le pertenecía, fue devuelto a su amado Juan Domingo el 3 de Septiembre de 1971. Ahí comenzó la ultima epopeya de la Inmortal Eva, comenzó la restauración en manos del mismo médico que la embalsamo, el Doctor Pedro Ara, procesos que terminó en 1974.
Este mínimo relato de hechos de nuestra historia, no figuraban en nuestros libros formativos bajo la falacia del temido adoctrinamiento. Para cerrar esta historia, les dejo una pregunta para que saquen sus propias conclusiones:
¿Se puede esperar un País para todos, cuando los herederos del 55 siguen repitiendo una y otra vez la doctrina de “Viva el Cáncer!”?

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