Arte y Polìtica, Numero Dos

Arbolito, tu lanza nuestro camino

En 1986 se funda la EMPA (Escuela de Música Popular de Avellaneda).
Entre los muchos egresados que tuvo la institución a lo largo de los años se encuentran los integrantes de la banda Arbolito. Una banda singular que durante los años macristas viralizaba “Pará la mano” logrando así una gran popularidad.
Aunque pocos conozcan su historia, las reivindicaciones de la banda integrada por Ezequiel Jusid, Agustín Ronconi, Andrés Fariña, Pedro Borgobello y Diego Fariza habían empezado casi 20 años atrás y para eso tenemos que contar un poco de nuestra historia en los albores de La Patria.
Corría el año 1826 y Rivadavia contrató al coronel prusiano Federico Rauch para llevar a cabo el exterminio de las tribus ranqueles en el territorio nacional. Fue un período oscuro, lleno de sangre, dolor e insensibilidad de la mano de un Coronel que se jactaba de haber degollado 27 ranqueles en una jornada con el objetivo de “ahorrar balas“.
Pero siempre podemos esperar un héroe entre los oprimidos y Osvaldo Bayer en “Mientras la chata nos lleve» (2006) nos cuenta su historia:

“Un indio adolescente, lo llamaban Arbolito. Él observó que el coronel Rauch se adelantaba siempre a la tropa, como en esos cuadros antiguos con la espada señalando el horizonte. Y Arbolito lo va a esperar en una hondonada. Pasa el coronel europeo, le bolea el caballo con las boleadoras…y Arbolito le corta la cabeza”

Por calificar al Coronel de genocida, Bayer se ganó una estadía de 62 días en una cárcel de mujeres. Sus apreciaciones hicieron que el bisnieto de Federico Rauch (Juan Enrique Rauch), quien fuera por ese entonces ministro del Interior del gobierno argentino de José María Guido, promoviera el singular castigo. Sobre este episodio, Osvaldo declaró: “No voy a dar detalles pero no la pasé nada mal”.
En el primer demo de la banda ya existía una canción llamada Huayno del Desocupado (editada en 1997) que anticipaba el estallido social inevitable que sufrimos los argentinos en diciembre de 2001. “Piquete y cacerola la lucha es una sola” era una de las consignas/reclamos de esos años de hambre, desocupación y de dos gobiernos frívolamente insensibles. Formula repetida por las elecciones democráticas del 2015 por parte de ese mismo gabinete que integró la Alianza. Los nombres pasan, pero las políticas de ajuste se repiten, y hasta logran infiltrarse y disfrazarse dentro de los movimientos populares.
En Arbolito encontramos reflejado un férreo compromiso social y popular que atraviesa toda su carrera pero con un ritmo alegre y contagioso. La tristeza, la soledad y la muerte se la dejamos a ellos, a los otros y a su solemne imperialismo.
Nuestro compromiso con Arbolito es recuperar “lo popular», lo nuestro. Mal que nos pese, la popularidad tiene sus contradicciones. El adoctrinamiento de la historia escrita por los ganadores nos deja desde nuestra mas tierna infancia a Rauch entre nuestros recuerdos como un héroe de la patria. “Una expedición a los indios ranqueles” es el mejor ejemplo, pero también que cada pueblo tenga una calle en honor a Federico, o una plaza o una reivindicación al genocidio aborigen argentino.
Arbolito es nuestro, es del pueblo. Y la música. Y Osvaldo Bayer, que es más recordado que Federico o que Juan Enrique. Porque todos queremos ser Arbolito u Osvaldo, nuestros héroes picarescos y casi anónimos ¿O acaso alguien quiere ser insensible?
Por más Arbolitos, más música, más derechos.
Y menos genocidas.
Y menos Rauch.

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