La Nota de Sol, Numero Dos

Del Populismo y Otros Demonios.

Existe una creencia falsa respecto a Lo Popular y El Populismo: la tendencia a creer que son lo mismo.
Metemos a El Pueblo, La Demagogia, La Política, Los Líderes, las promesas de campaña, Las Ideologías en una gran bolsa de gatos y los mezclamos; asi debe haberse inventado El Populismo.
Bueno, seguramente asi fue; pero El Populismo es un concepto que oscila, cruza y atraviesa a todas las castas políticas, las corrientes, y los lideres: El Populismo es una manera de hacer política que intenta utilizar lo popular.
¿Entonces el Populismo incluye lo popular? Bueno, si.
Hacer política es el arte de interpretar los deseos de El Pueblo que se quiere representar y efectivamente representarlo (o no). El Populismo no es de derecha ni de centro ni de izquierda. Nutre a todos. En la actualidad, no se puede hacer política sin hacer populismo. El lenguaje político intenta ser lo suficientemente abarcativo para incluir la gente necesaria para ostentar el poder y la gobernabilidad. Eso se traduce en propaganda, lenguaje, códigos, vestimenta, líderes. Hasta los partidos políticos más extremos usan el populismo para cumplir sus fines. ¿Podemos de esta manera hacer una aproximación a la definición de populismo? Podemos intentarlo: El populismo puede ser las dos caras de la moneda capitalista. Populista es aquella estrategia política y las medidas que tienden a alcanzar los intereses generales de la sociedad para lograr el bienestar de los sectores populares.
¿La derecha puede ser populista? Claro que si. Un ejemplo maravilloso es el apoyo conseguido por las nuevas derechas latinoamericanas para alcanzar el poder. Las clases que tradicionalmente son desfavorecidas por las medidas de dichos cuadros políticos son tentadas mediante falsas promesas y falsos profetas para seducirlos al momento del voto. Entonces la izquierda no puede ser populista! Bueno… la izquierda también es populista en su defensa por los derechos populares entendidos como los postergados y siempre resignados.
Es difícil de entender pero tan dicotómico como es el concepto de populismo, también lo es el de Pueblo. ¿Quién es el Pueblo? ¿Qué es lo Popular? La respuesta también parece sencilla pero… ¿todos somos el pueblo, todos somos populares o hay que cumplir requisitos de clase, sexo, poder económico o falta del mismo para ser parte de El Pueblo?
Casi como la historia escrita por los que ganan, el Pueblo es la representación colectiva de quienes se sienten mayoría en un territorio y momento histórico. Es la pertenencia a una clase mayoritaria que es mixta y que alterna en su composición permanentemente y en la composición de sus colectivos. Lo popular son todas las manifestaciones de este colectivo, buenas, malas, reprobables, intachables que moldean la conducta de El Pueblo. Y el Populismo es la fuerza política sin importar bandera, que intenta aprovecharse de dicho colectivo para ostentar el poder y tener gobernabilidad para llevar adelante las políticas populares (aprobadas por El Pueblo) y las no tanto (pero que venden como necesarias para alcanzar el fin común)
¿Es bueno o es malo el Populismo? Bueno, tenemos que ser poco estrictos en esta definición. Como la mayoría de los términos políticos, la implicancia adjetiva ha ido cambiando con el correr de los años. Hasta hace muy poco, el Populismo era malo. En la actualidad podemos decir que el Populismo es neutro. No encontramos discursos políticos atacando a los contrarios y tildándolos de populistas y nadie reconociéndose tal. La clase política entendió que la manera más eficaz de lograr sus fines es haciendo populismo: teniendo al grueso de El Pueblo de su lado y ganando las elecciones. Atrás han quedado los golpes clásicos paternalistas contra la voluntad popular. Esa política no puede volver nunca más. Y tenemos que asegurarnos de eso.
El Populismo es la nueva arma de destrucción masiva de la política. Quien mejor la ostente, tendrá el poder empirico de la gobernabilidad sin necesidad nunca de terminar la guerra fría para pasar a un conflicto real. El populismo no es santo ni demonio, pero completando una triada con el lawfare y el poder rancio de viejas clases dominantes podemos pensar en un Populismo opaco, que usara la manipulación popular para hambrear al pueblo, para sacarle ventaja, para exterminar a quienes se resistan y sus demostraciones populares. Nos encontramos con sectores minoritarios del pueblo queriéndose apropiarse de cosas que no le son propias; como la calle, la música y las manifestaciones populares de las clases trabajadores, mayoritarias pero muchas veces mal representadas.
El carnaval del populismo y los golpes de estado blandos tienen en sus principales actores a los participantes de la mayoría siempre relegados que por distintos motivos, son engañados con cuentos de superación, de meritocracia y solidaridad de clase que no existen. La mejor arma de los opresores, es contar con adeptos entre los oprimidos sin que ellos mismos se den cuenta del artificio del engaño. Ese es el mejor disfraz del Populismo. Esa es la trampa que debemos sortear para que dejemos el Poder Populista para volver al Poder Popular.

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