Numero Cuatro, Politica de Corbella

Aprendiendo a Confundir

En los últimos años se han comenzado a implementar evaluaciones internacionales, supuestamente para medir la situación de la educación en la Argentina. Una de las últimas y más polémica fue el llamado “OPERATIVO APRENDER”, que se tomó a alumnos de algunos cursos en los días 18 y 19 de octubre de 2016.
La iniciativa generó en su momento diversas reacciones en los docentes y los gremios que los representan. Se acusó a los organizadores de la iniciativa (el Ministerio de Educación de los tiempos de Macri) de querer desvalorizar la escuela pública, de querer precarizar la tarea docente importando sistemas educativos de otras latitudes (Chile) o de intentar volver a los criterios educativos neoliberales de los noventa. Algunos gremios decretaron paro. Muchos docentes se negaron a colaborar. Incluso hubo una movida dirigida a lograr que los padres no enviaran a sus hijos a clase a manera de repudio.
Los funcionarios de entonces se quejaban de que se los criticaba por sus supuestas intenciones, y la verdad es que siempre es difícil evaluar intenciones, porque las intenciones son hechos no producidos, hechos inexistentes. Lo malo es que cuando esas intenciones cristalizan en hechos, muchas veces ya es tarde para hacer algo.
Es difícil evaluar intenciones. Pero podemos evaluar hechos, o sea, analizar las características y el contexto de estas evaluaciones.
Todo el que trabaja en la educación secundaria sabe que en el último año (Quinto en CABA, Sexto en PBA) hay un bajón generalizado en el nivel escolar de los cursos. Los chicos entran en una cuenta regresiva que los conduce inevitablemente al egreso (frecuentemente con muchas previas). La primera mitad del año están pendientes del viaje de egresados. En la segunda mitad de la fiesta de fin de curso. Los más responsables comienzan a vincularse al mundo universitario al que pretenden integrarse a la brevedad. Pero todos se sienten con un pie afuera del sistema, y en el último trimestre son presencias fantasmales que transitan las aulas.
En este contexto, evaluar al último año de la secundaria parece un objetivo al menos cuestionable. Evaluarlo en la segunda mitad de octubre, a escasas semanas del cierre del ciclo lectivo, un error grosero. A esta equivocación se le suma que estos exámenes son anónimos y no tienen nota, o sea que no afectan al desenvolvimiento escolar del alumno egresante, y se hace con una modalidad (Múltiple Choice) a la que el alumno no está acostumbrado, porque se usa poco y nada en las escuelas argentinas.
Para disciplinas vinculadas a las ciencias exactas o la biología, el múltiple Choice puede llegar a ser útil, pues manejan contenidos objetivos. Dos más dos es cuatro. Siempre. El corazón está donde está y cumple las funciones que cumple en todos los seres humanos. En cambio para las “Ciencias” Sociales, donde todo es profundamente “subjetivo”, el múltiple Choice presenta una rigidez ideológica que lo aleja del pluralismo y de la democracia.
Pongamos un ejemplo. Supongamos que estamos interrogando acerca de los gobiernos de Juan Domingo Perón. Si evaluamos con respuestas de desarrollo, el que responde puede perfectamente decir: “Los que defienden a Perón dicen esto, los que lo atacan esto otro, y hay otros que están a mitad de camino y argumentan con esto y aquello”. Esa respuesta es perfecta, sin importar cuales puedan ser los gustos o la orientación ideológica del docente o del alumno. En cambio, en un múltiple Choice, donde hay que elegir entre a, b, c, y d, si la verdadera es por ejemplo b, las otras tres son FALSAS. Sin discusiones. Sin matices. Sin pluralismo. El que elabora la evaluación impone su verdad, revelada por el “Altísimo”.
El otro gran problema de las evaluaciones de selección múltiple, que es más grave para sociales pero que afecta a todas las disciplinas, es que cualquier mínima oscuridad en la redacción torna a la pregunta esotérica. Dilucidar esa oscuridad se vuelve casi imposible cuando el docente que toma la evaluación no es ni quien la elaboró ni quién la va a corregir. En esas condiciones, todo intento de aclarar, oscurece.
Para que esta nota no se quede en un marco exclusivamente teórico, voy a poner algunos ejemplos concretos de preguntas que aparecieron en esa evaluación tomada en octubre de 2016. Lo haré en el área de Ciencias Sociales, que es la que manejo. En la pregunta 3 se cita un fragmento de un discurso de Perón de 1948, donde el tres veces presidente sostiene que “hay que cambiar el antiguo sistema de explotación” de forma “atemperada”. Dice el General: “Nosotros creemos que la solución no es la supresión de la propiedad, sino la supresión del abuso de la propiedad”.
Se proponen cuatro posibles respuestas. El encabezado de las mismas (“El Estado peronista se presenta a si mismo como una ‘Tercera Posición’ “) induce a poner verdadera a la c), que dice:
c)adopta una postura intermedia entre el capitalismo y el comunismo en relación a la propiedad privada pero, en realidad, ninguna de las cuatro es verdadera.
La condición esencial del capitalismo es la propiedad privada de los medios de producción. Perón dice explícitamente en el fragmento que no se va a eliminar esa propiedad privada. Entonces se ubica en el marco del capitalismo.
El problema es que el redactor de la pregunta maneja un concepto neoliberal del capitalismo. Para el evaluador hay un único capitalismo posible, y por eso el que se aleja del neoliberalismo se aleja del capitalismo.
El problema es que en 1948 el neoliberalismo aún no se había inventado. En ese año coexistían diversas versiones del capitalismo: el capitalismo liberal clásico, el capitalismo heterodoxo o keynesiano (como fue el New Deal de Franklin Delano Roosevelt) e incluso estaban frescas en la memoria las experiencias del capitalismo nazi-fascista, con matices diferentes a los otros dos. En ese discurso de 1948 Perón no rechazaba el capitalismo. Simplemente se ubicaba en la ancha avenida de la heterodoxia keynesiana, por donde transitó cómodamente durante toda su vida. ¿Puede haber otras opiniones al respecto?… ¡¡¡Por supuesto!!!… pero no en el marco de un multiple choice.
Otra pregunta interesante es la pregunta 10, que se vincula a la Educación Ciudadana. La pregunta dice: “La democracia es una construcción permanente que la sociedad entera se encarga de poner en práctica”
Y luego pregunta:“¿Cuál de éstas definiciones es más acorde con este planteo?”, y da definiciones de democracia de Esteban Echeverría, Pericles, Abraham Lincoln y Plutarco.
Lo primero que sorprende es el texto inicial, que no es propiamente una definición sino una descripción de cómo se construyen procesos y conceptos sociales. Si reemplazamos “La democracia” por “El socialismo”, “El sindicalismo”, “El pluralismo”, “El consenso”, la oración no pierde sentido. Claramente no es una definición si se aplica a tantos conceptos distintos.
Entonces la primera problemática que se plantea es la esotérica “definición” de democracia con la que empieza la pregunta.
El segundo problema son las cuatro opciones entre las que hay que elegir. La definición de Pericles, por ejemplo, es atractiva tomada “pura”, pero cuando la ubicamos en el marco cultural del autor, la cuestión se complica. En la Atenas de Pericles la mitad de la población (mujeres) no tenía derechos. Del otro 50% la mitad (los esclavos) eran considerados como objetos. Del 25% restante (varones libres), la mitad, los metecos, tampoco tenían derechos políticos.
Por eso cuando Pericles habla de que en la democracia se gobierna para “muchos” se refiere, con toda la furia, a un 10 o 15% de la población total. Ahí es cuando el atractivo de la frase se pierde totalmente.
Entonces uno termina eligiendo la de Lincoln, pero no porque diga lo mismo que el peculiar texto inicial, sino simplemente porque es la más moderna y por lo tanto la más cercana a nuestras concepciones. La pregunta diez es, por ende, decidida y profundamente oscura.
En otra pregunta vinculada a la Educación Ciudadana, la 21, dice: “En el artículo 75 de la Constitución de la Nación Argentina, tanto el inciso 22 como el 23 garantizan el goce y ejercicio de los derechos humanos. ¿Cómo se aprueban estos tratados?”… y ofrece opciones.
En esta pregunta hay un evidente problema de redacción. Los incisos 22 y 23 del art. 75 dan rango constitucional a tratados internacionales aprobados por el país, y explican cómo pueden incorporarse otros. Pero, como está redactada la pregunta, donde no se mencionan los tratados, la pregunta final parece caída del cielo. Lo que se pregunta tampoco es claro. No se entiende si preguntan cómo se aprobaron en su momento esos tratados, cómo se incorporaron a la Constitución, o cómo se debería hacer para incorporar otros de las mismas temáticas.
Como en un caso anterior, no solo no se entiende la pregunta sino que no parece haber una respuesta correcta, ya que la que más se acerca es la c), pero con una importante imprecisión. No se aclara que para aprobar un tratado basta con una simple mayoría, pero para darle rango constitucional se requieren dos tercios de los votos del total de los integrantes de ambas cámaras.
Estos son apenas algunos ejemplos de las debilidades de un modelo de evaluación poco apropiado para las Ciencias Sociales, y que deja mucho que desear para otras disciplinas.
Por eso era esperable que los resultados de las evaluaciones del Operativo Aprender fueran espantosos, como de hecho lo fueron. Estaban dadas todas las condiciones para que eso ocurriera. Pero, cuando se diseña un instrumento de evaluación con todas las falencias antes señaladas, ese resultado no está evaluando ni a los alumnos, ni a los docentes, ni a las escuelas. Está evaluando a los evaluadores…

Adrian Corbella

  1. Gabriela

    Que gran deuda se tiene con la educación en este país. Hablo en todo sentido

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