Arte y Polìtica, Numero Cuatro

Paseando por el Jardín de Infantes

“Dejad que los niños vengan a mí” es una de las frases más conocidas de Cristo. Para aquellos que creemos (como opción personal) entendemos esta frase en sintonía con la Verdad N°12: “en la nueva Argentina, los únicos privilegiados son los niños”.
La frase de Cristo y la Verdad N°12 nos representan que los niños son sujetos de derechos. Que tienen derechos, fundamentalmente. Y teniendo en cuenta que los niños en ese mundo antiguo no eran considerados personas…bueno, la frase es más contundente aún.
Jim Henson, el creador de Los Muppets, decía: “la gente más sofisticada que conozco son los niños”. Incluso creía que no se los debía subestimar y aspiraba a dejar un mundo mejor para ellos. Por supuesto, al igual que otros artistas, sufrió una suerte de desprecio por dedicarse a un género “menor” como es el entretenimiento/la educación de los niños.
Muchos de nosotros nos criamos con las canciones de María Elena Walsh. A nuestras madres les debemos que nos canten, por ejemplo, El mundo del revés. ¿Cómo no iba a estar censurada una poetisa como esa? ¿Cómo no se la iba a relegar a una “cantante de niños” para bajarle el valor? Si tenía la valentía de decir cosas como:
“Me dijeron que en el Reino del Revés
Nadie baila con los pies
Que un ladrón es vigilante y otro es juez
Y que dos y dos son tres”
O también:
“Hace tiempo que somos como niños
y no podemos decir lo que pensamos o imaginamos. Cuando el censor desaparezca, ¡porque alguna vez sucumbirá demolido por una autopista!, estaremos decrépitos y sin saber ya qué decir. Habremos olvidado el cómo, el dónde y el cuándo y nos sentaremos en una plaza como la pareja de viejitos del dibujo de Quino que se preguntaban: “¿Nosotros qué éramos…?”. Tampoco escapó Elsa Bornemann también llamada peyorativamente “escritora de cuentos infantiles” o “cuentos para niños”. Aun a pesar de ser una escritora “inocente”, su libro “Un elefante ocupa mucho espacio” fue censurado y ella entró en la lista negra. Por supuesto este texto se (re)significa en este contexto de pandemia. En un cuento para niños plantea una de las teorías políticas más importantes de la historia de la humanidad: la plusvalía. ¿Quiénes generan las ganancias del circo, sino los animales esclavizados para diversión de otros? O como cuenta en “Caso Gaspar”, en donde habla de las libertades individuales, derecho constitucional (¡en épocas de dictadura!) La autora sentencia al final del cuento:
“Así fue como Gaspar recobró la libertad de hacer lo que se le antojara, siempre que no molestara a los demás con su conducta”Lo mismo sucede con Bayer o Galeano, por nombrar a dos autores ampliamente referenciados. Esa sencillez que tienen para contar historias, para marcar quienes son los que escriben los libros que formaran a los niños y por qué los escriben, no es simple. Por eso nos gustan, nos maravilla, los admiramos. Ante todo son narradores, la demostración clara de que se puede contar una buena historia y hacer política al mismo tiempo.
Sin embargo ¿por qué será que reivindicamos a Galeano, a Bayer y no tanto a María Elena o a Elsa? Ni mencionar las ficciones de Rodolfo Walsh (en mi opinión, el mejor escritor argentino).
Pero esta columna se trata de música (aunque a veces la música sea una excusa para hablar de otras cosas) y volviendo a la idea central del texto, lo infantil es muchas veces una manera de socavar el valor a algo. “Canciones infantiles”, “cuentos infantiles”, “canciones para chicos”, “cuentos para chicos” como si fuera fácil. O como si escribir para chicos (ya sea un relato, ya sea una canción) fuese más simple que hacerlo para adultos. O no implicase una formación. O el lugar común de: “los nenes van a escuchar las canciones y los papis a ver a la cantante” (seguido de risas picarescas porque, ante todo, ¡macho!) Y sin embargo uno de los descubrimientos más lindos durante el 2020 fueron Los Raviolis. Formada en el año 2012 por Gabriel “Gabichu” Wisznia, Valeria Donati, Bruno Delucchi, Juan Pablo Esmok Lew, Esteban Ruiz Barrea y Martín Cicala sus canciones van sobre la paternidad/maternidad, los desafíos, el cansancio, los roles de género, el jardín, el colegio, la educación, etc. Todo el universo del que tanto imaginamos cuando escuchamos “grupo de WhatsApp de papis y mamis del jardín”
Como en todas las columnas hay recomendaciones para que escuchen. Una es Macho proveedor, con la que me es inevitable no sentirme identificado.
Siempre fui y me reconocí un inútil con las tareas del hogar (y de hecho aprendí a cocinar en el ASPO). Mi primer enchufe lo cambie a los 30 años (siempre tendré 30 años, no importa cuando lean esto).
La segunda que recomiendo es Valentín LINK. A sus 11 años Valentín está triste por algo (a lo largo de la canción nos vamos a enterar por qué) pero de entrada sabemos que Valentín y Agustín son novios. Y la familia apoya su decisión. Porque lo interesante es que la música también ayuda a entender algunas cosas y muchas veces los niños no necesitan ser “educados”.
Es mi niño de 30 años que entiende y da gracias a su madre por haberme formado con esas dos autoras. Y es mi niño interno el que lamenta no haberlas conocido ya que esa sencillez para explicar conceptos que aun hoy se discuten es algo tan único y tan excepcional que emociona. Y es mi yo adulto que la pasa muy bien escuchando a Los Raviolis, una banda para “chicos”.

Marcos Serrao Gomez

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