La Columna de Raul, Numero Cinco

El Conflicto y la Lucha

Leí en Cara del libro (Facebook), un comentario sobre esta verdad que nos toca hoy. Decía algo más o menos así:
“Cuando leemos en la 11ª. verdad peronista la definición de que el peronismo “anhela la unidad nacional y no la lucha”, no leemos ahí una negación a la lucha política contra el gorilaje, que son las 1000 familias privilegiadas en nuestro país. Lo que leemos ahí es que no puede haber luchas internas en el seno del pueblo argentino.”
¿Quién podría no estar de acuerdo en que lo que necesitamos es unirnos para enfrentar al enemigo común?
Nadie.
Son ellos o nosotros.
Dos grupos.
Los que tenemos razón y los que están equivocados.
Los que tenemos argumentos y los que no.
Los que decimos la verdad (Nótese el número del objeto directo Verdad: Singular. Y el del objeto indirecto Les (Nosotros): Plural.)
Una sola verdad. Para muchos de nosotros.
El conflicto en sí, nace a partir de posiciones divergentes. Donde lo que hace el Establishment, es decir el poder constituido y naturalizado, es tratar de polarizar la discusión para mejorar su posición de poder. Crear argumentos simples y fácilmente entendibles, aunque carezcan de sentido. Porque a los seres humanos nos encanta tomar partido en una discusión. Aún, cuando no tenemos puta idea de lo que se está diciendo. El famoso hablemos sin saber.
Porque cuando se habla de conflicto. Se habla de poder. Y cuando se habla de poder se habla de desigualdad. Imaginemos dos personas que tienen la misma intensidad de poder, no hay desigualdad. Hay equilibrio. Es decir, lo imposible, que solo llega a lograr el universo en un sistema solar, hasta que algún asteroide rompe y a la mierda el sistema. Pero que jamás lograrían dos personas que se enfrentan, porque hacerlo en las mismas y exactas condiciones es imposible. A igualdad de condiciones prevalecerá aquella persona que esté más preparada dialécticamente, para ganar la discusión.
Ah, pero si hay mayores condiciones, no hay igualdad. Pero no, se trata de una actitud, o de que una es más inteligente que la otra. En cuyo caso, tampoco hay igualdad.
Entonces lo óptimo se nos vuelve imposible. Imposibles que como no nos otorgan tranquilidad, decidimos que no existen. Porque lo imposible como es imposible, no existe. E inventamos (para nosotros mismos) objetos directos oportunos. Únicos. Que nos resuelvan el conflicto. Y aún sin ningún tipo de argumento válido, diremos sin ni siquiera ofrecer un argumento, que tenemos la verdad.
Sí. Una sola.
Entonces, si dos fuerzas se enfrentan con la misma intensidad, no hay conflicto adecuado, porque dan equilibrio. ¿Y el equilibrio no admite conflictos? Sí. Pero se resuelven democráticamente. Por eso el poder, busca la desigualdad.
El verdadero conflicto es el que no se resuelve porque una fuerza resulta más potente que la otra. Un gobierno podría reprimir a los que protestan toda vez que se reúnan. Pero eso no va a significar resolver el conflicto. Aunque la mayoría de las veces, se disipe. ¿Cuántos años de miseria y opresión vivió el pueblo chileno soportando que lo pusieran de ejemplo cuando su sistema en realidad era tan desigual, que ni siquiera permitía visibilizar la miseria?
Ahora bien, la fuerza más potente, para poder subsistir, necesita de una resistencia inferior que le otorgue entidad. ¿Para qué? Para ganar. Los medios hegemónicos se han vuelto expertos en estas resoluciones.
Entonces, hay que salir de esa encrucijada binaria en la que nos metemos cada vez que nos oponemos a una determinada posición de poder más grande de la que somos. Porque de ese modo les estamos dando sentido. Hay un viejo problema que llamamos dispositivos de interpretación. Darío Sztajnszrajber diría “Dispositivos hermenéuticos” que significa lo mismo, pero dicho así, suena como más groso.
Estos dispositivos de interpretación son los que crean el lenguaje. Es decir, la gramática nos ofrece una serie de entidades entre las cuales nosotros debemos elegir alguna, para darle sentido a la idea que tenemos en mente y por fin, al hacerlo, lograr describir “correctamente” el objeto. Pero no. En realidad, lo que tenemos en la cabeza no es exactamente así. Ah no, pero si no se parece a ninguno de la serie, es porque lo que pensaste, no existe. O lo que es peor: Es algo monstruoso.
En cambio, sí encontramos sentido en alguna entidad de la serie propuesta por la gramática, entonces nos vamos a sentir tranquilos. No vamos a tener más dudas. Lo que pensé es eso.
Ahora si no lo hacemos es porque estamos todavía leyendo este texto. El resto ya lo abandonó. Nosotros, quien escribe y los que están leyendo, tenemos la intención de buscar el sentido aun sabiendo que no lo vamos a encontrar en forma definitiva porque el buscar sentido a nosotros no nos da tranquilidad, porque sabemos que ese sentido recién encontrado, más tarde o más temprano, nos va a generar una nueva duda que nos va a alejar de ese sentido obtenido para ir en búsqueda de uno nuevo. La búsqueda del sentido de esta nueva incógnita. La que está detrás de la que descubrimos antes, que no se ajustaba precisamente a la idea que tuvimos por esta nueva entidad que definimos con alguna combinación de varias palabras o creando una nueva. Que es más o menos lo mismo. Entonces se nos despierta la duda. Si hasta ahora yo pensaba que esto era así y en realidad es de esta otra manera. ¿Qué me asegura que esta nueva interpretación sea la correcta? ¿Qué esta última sea la definitiva? Y que no aparecerá otra. Y luego otra. Y otra…
-Mira, yo no entendí nada, pero seguí leyendo porque me dije, seguí, seguí, que ya vas a entender.
Ese es un filósofo. El tipo que no entiende nada, pero sigue leyendo. Hasta que entiende algo y es cuando exclama: – Valió la pena leerme toda esta sarta de cosas, por está única palabra fantástica que me dio vuelva la cabeza. ¿Cuál?
-Hermenéutica.
Ah…
Todo el mundo que estuvo en pareja o casado, sabe que es un periodo en el cual puede haber buen sexo, regular, no haber sexo. Puede haber mucho amor. O poco. O no haber amor. Puede haber mucha comprensión. O ninguna. Puede haber poca comprensión. Es decir, no la suficiente para quien así lo decide. O no. O sí. Puede que, al principio, pero ahora no. Y todas sus combinaciones. Pero lo que seguro hay. Y en esto no hay otra cosa que total y absoluta coincidencia y consenso unánime en una unión sentimental con o sin convivencia (Atención que no son muchas las certezas) es: Conflicto. Y que no hay binario en los sentimientos. Hay más grises que definiciones.
Y entonces resulta que los que creen que van a encontrar al amor de su vida, juran amor eterno, aunque la promesa puede tener fecha de vencimiento si de pronto se dan cuenta que aquellos adjetivos que utilizaron para definir al amor de su vida, fueron, digamos, un poquitín exagerados.
Y entonces el amor de su vida no era ese. Habrá que buscar el verdadero. ¿Y con este qué hago?. Y quedatelo hasta que encuentres al verdadero. ¿Y si no lo encuentro? Y bueno, por lo menos no te quedaste solo/a/e.
Y al final, nos amamos toda la vida. Qué lindo.
O sea, el tema es la búsqueda, porque si encontramos un fondo y cuando lo deconstruímos, descubrimos otro, y después otro. Hasta que nos damos cuenta que no hay fondo, sufrimos.
O dicho platónicamente, salimos de una caverna para descubrir que estamos en otra que contenía a la anterior.
Por eso Platón define al amor como imposible.No ése fue Derrida.
¿Ah sí? ¿Y de dónde viene que el amor platónico, es aquel que resulta imposible? Lo que pasa es que no lo supimos leer. Ahora cuando le decís a alguno de los que ya abandonaron esta lectura, que el amor es imposible, te responden como si fuera lógico:
-No. El amor… existe. Lo que pasa es que vos no querés a nadie. (Fundamental, la descalificación del otro, cuando hay escasez de argumentos)
¿Y quién dijo que no existía? Dije que es imposible.
-Lo mismo.
Entonces lo que está sucediendo es que no hay una única verdad. Sino varias que se eliminan. Es decir, como podrían ser infinitas, al final no tengo ninguna válida.
Entonces lo que hay son normas que regulan nuestra forma de pensar educándonos para que entremos en la cajita que nos dan. Y los que definieron esas normas y los que las cumplen, vivan tranquilos.
De manera que las luchas se han reconvertido, han cambiado de escenario. Se manifiestan en los medios de comunicación y en las redes, con argumentos simples carentes de sentido, dialécticamente para que fundamentalmente aburran lo antes posible a los participantes. Para que luego cada vez menos participen y se naturalice que el conflicto ha perdido vigencia.
Por eso es importante tomar los ejemplos de luchas más o menos contemporáneas que han triunfado y visualizar cuales fueron los motivos.
El ejemplo más transversal está dado por el feminismo, donde la ideología quedó postergada, los partidos divididos y la sociedad a pesar de haber sido polarizada, no abandonó la lucha, incluso aún, cuando lo partidario tampoco garantiza una línea de opinión definida. Y la polarización, fue a favor o en contra de la igualdad de derechos, más allá de una u otra ley que se planteaba, rompiendo con lo binario.
Judith Butler en El género en disputa, logra la subversión de la identidad, con un pie en la academia de filosofía y otro en la militancia. Judith es el ejemplo de La Heroína que resulta necesaria en toda lucha. Como lo fue Evita en su tiempo. (Salvando las distancias, compañeros, no se me pongan mal)
La que otorga argumentos que sirven como base. Y donde se pone en evidencia la naturalización de la exclusión. Qué en los papeles, no existen.
Porque en la época de Evita, la mujer era excluida desde la ley. No le permitían votar. (Por ejemplo) En cambio, hoy la cosa es más gris. No hay una ley donde se diga que la mujer “debe” ganar, menos que el hombre. O una que diga que el hombre puede matar a una mujer. Pero es lo que sucede. Entonces resulta necesario romper con los dispositivos de interpretación que nos encasillan, desactivar los esquemas para lograr esa transversalidad y captar el interés y el compromiso de la lucha en un mundo que se ha empeñado en ser personalista y donde lo comunitario se pretende limitar al entretenimiento. Lo que logra el feminismo, como dice Darío: “Es muy parecido a lo que sucede en el peronismo.” Porque para sus adentros hay distintas ideologías que se enfrentan entre sí. Pero que, para lograr un objetivo, necesita unirse en los puntos en común. Y tragarse las diferencias internas, para ganar una batalla, pero sin abandonarlas.
La verdadera lucha consiste en joder al poder instituido. No en transar con él.
Butler da una batalla hacía afuera y hacia adentro del movimiento feminista. Y en ese plan, su éxito. La tesis de Butler consiste en rechazar la identidad como un núcleo duro que defina lo que somos. Arremete contra el sentido de la vida que tiene como objetivo entender quienes somos. Y nos propone deshacernos de los parámetros que nos han impuesto desde que nacimos. Entender que no somos seres que al nacer podemos identificarnos libremente. Al nacer nos califican bajo uno u otro binario intempestivamente. Y uno admite el género impuesto por el poder, como si fuese natural. Butler nos insta a separar el género del sexo. Nacemos hombre o mujer, pero el género o la identidad, es cultural. Pero en la definición debemos resistir al binario que nos impone el sistema. Destruye la tranquilidad que nos otorga el ordenamiento.
Es decir, hasta ahora el poder era político. La lucha hasta ahora era política, contra un poder que defendía sus privilegios en detrimento de las mayorías postergadas.
Las luchas que se nos vienen están muy contaminadas. Con colectivos minoritarios, pero a los que el poder elige como enemigos válidos, para lograr embarrar todo el tiempo la cancha.
¿O que son los libertarios o terraplanistas sino creyentes de teorías pseudo-paranoicas conspirativas que utilizan argumentos imposibles funcionales al binario que necesita el poder para que los tranquilice?
La lucha se complejiza.

Raul Livon – Mejor es Hablar @rlivon

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