La Historia, Numero Cinco

Un Enemigo en Común

Suele decirse -en la historiografía “liberal” o “mitrista” y corrientes afines- que la asociación entre San Martín, Rosas y Perón es un relato que desmerece al Libertador de América. Desde la militancia se comparte la visión de una continuidad histórica entre ellos, pero en muchos casos se desconocen los por qué.


El Cholo Libertador


José de San Martín, “El Cholo”, al decir de la tía de su esposa Remedios de Escalada por su tez oscura, tenía una relación de par con sus granaderos, un grupo constituido por “la chusma”, como se llamaba despectivamente a los mestizos, negros y zambos. Los vínculos de estas características no eran frecuentes entre un superior y sus soldados.
En 1820, la burguesía comercial porteña de la cual Rivadavia era uno de sus mejores representantes, solicitó a San Martín que viaje a Buenos Aires a proteger la ciudad de la “montonera federal”. El General rechazó el pedido aduciendo que su ejército popular latinoamericano tenía como objetivo liberar a América del absolutismo español, por ello no formarían parte de las luchas internas. Debido a esa negativa, cuando San Martín intentó volver a Buenos Aires en 1822 ante la grave enfermedad de Remedios, los caudillos federales le dieron la protección que el grupo unitario rivadaviano le negó pese a que su vida corría peligro en este territorio.
La prensa porteña lo acusaba de “haberse robado” un ejército (nos suena, no?), de allí su posterior emigración a Europa. Su retorno de aquellas tierras en diciembre de 1828 se vio frustrado cuando se enteró sobre el fusilamiento de Dorrego y el ascenso al poder de su verdugo, el General Lavalle: una espada del unitarismo porteño.


Rosas, el traidor a su clase

Proveniente de una prestigiosa familia y casado con Encarnación Ezcurra, también de la elite, el Restaurador de las Leyes será considerado el primer tirano por la prensa unitaria.
Su prestigio entre criollos pobres, mestizos y negros (con quienes solía compartir sus fiestas como un par) era mal visto por los unitarios. A ello se sumaron -entre otras cosas- la Ley de Aduanas, con la cual se limitaron las importaciones, y la resistencia al bloqueo francés primero y al aglo-francés luego, donde las potencias recibieron el apoyo de los unitarios. Estos acontecimientos serían omitidos por la corriente historiográfica enseñada en las escuelas.
Luego de su caída el 3 de febrero de 1852, el unitarismo lo descalificó desde el punto de vista literario en la obra de Domingo Sarmiento “Facundo: civilización y barbarie”. En aquel texto lo autóctono, la cultura de tradición hispano-criolla y el apoyo popular eran el atraso y la barbarie. Civilización, en cambio, era sinónimo de alinearse mental y económicamente con Europa y los antiguos unitarios porteños, que se llamaron “liberales” y “republicanos” a partir de la presidencia de Bartolomé Mitre en 1862.


Perón: La segunda tirania

Así denominaría la prensa liberal el período 1946-1955, cuando el sector trabajador conquistó derechos sin precedentes bajo la bandera de la justicia social. Luego del golpe de septiembre de 1955, la burguesía portuaria -ahora como socia menor de la embajada inglesa y estadounidense- recuperó su lugar de privilegiada. Como contra Rosas en Caseros, ahora los bombardeos y la muerte serían el camino para imponer su proyecto dependiente y antipopular. El intento de unidad Argentina-Chile-Brasil (el ABC) como freno a las políticas de las potencias llegó a su fin. El retorno a la política económica extranjerizada vía endeudamiento, la desprotección de la industria nacional y la pérdida de derechos laborales fueron moneda corriente tras el derrocamiento de Perón.
Como vemos, la burguesía portuaria tenía muy claro que todos aquellos líderes que contasen con apoyo popular eran sus enemigos. Las coincidencias que podemos encontrar podrían resultar de utilidad para comprender cómo actuaron en el período 2003-2015. Con San Martín, Rosas y Perón; como con Néstor y Cristina Kirchner hoy, los enemigos de las mayorías son siempre los mismos.

  1. Clara

    Me gusta, fácil de entender la otra parte de la HISTORIA no contada…

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