DTP De Poco un Todo, Numero Seis

Felicidad Líquida

Banfield. Una de las tantas tardes de inicios de los 70’s. El sol se deja ver entre las lonas de las canchas de bochas del club social de la esquina de la casa de mi abuelo. Un grupo de señores mayores, intentan cuidar y calmar a un pibe de 4 o 5 años que corretea entre las canchas, buscando a su abuelo; el pibe, años más tarde, se daría cuenta que su abuelo nunca estaba en las canchas, sino en la casa de una de sus amantes, hasta el momento en que volvía a buscarlo para cenar y decirle:
-Estuvimos jugando a las bochas, ¿¿¿está claro???
-Sí sí sí, abuelo.
La mirada de malo no me dejaba más que decir que sí o sí.
Cada sábado o domingo que mi abuelo encaraba para las bochas, sabía que venia la tortura de ver jugar a jubilados violentos arrojar sus bochas como si se tratara del mono de “2001: Odisea del espacio”. Las bochas volaban de lado a lado, cayendo salvajemente y produciendo cráteres cuando fallaban, o armando un despliegue de bochas cósmico cuando acertaba en el blanco.
Las primeras veces no era agradable, las escapadas de mi abuelo duraban mínimo 2 horas, que a los 5 años eran días. Pero con el tiempo empecé a descubrir que me encantaba robar de los triolets quesitos, rodajas de salame, algún pistacho salado, y que mi actividad preferida era darle el sifonazo al Martini con fernet del tano Roque y ver como la espuma crecía mágicamente en el vaso ante la mirada atenta del tano; o echar el pomelo en el Amargo Obrero de otro abuelo canoso, que no recuerdo el nombre, pero sí su gesto de “suficiente”, cuando la bebida tomaba un color nefasto, quedando en mis manos ese culito de bebida amarilla, como Premio al mejor barman del club.
Allí conocí el ritual del vermut, los cubitos de queso, lupines, porotos en escabeche; el manjar que representan los caracoles, aceitunas, y ese hermoso líquido translúcido que tan rico olía y moría por mojar mi nariz en las explosiones de sus burbujas cuando caía el sifonazo o la tónica.
¿Puede ser el vermut considerada una bebida compañera? Para muchos la verdadera bebida peronista es el Amargo Obrero, históricamente considerado el aperitivo del pueblo argentino y señalado como la bebida peronista en una sociedad que reservaba sus delicias a los hombres.. Sus vasos espumosos fueron la escenografía en los estantes de los bares, bodegones y clubes de barrio, especialmente para celebrar el fin de una nueva jornada laboral, allá por la década del 40 y 50. Pero, debido a su sabor y color, no logró prender en el público femenino. Tampoco en los jóvenes y a principios de los 80s, casi desaparece de las góndolas, logrando un resurgimiento marketinero en el 2010, pero fue solo eso, espuma.
Según los libros, allá por 1786, un tano loco, Antonio Benedetto Carpano, mezcla de Alquimista y Boticario, halló la receta exacta de Vinos locales, hierbas y agua. Desde Turín, y gracias al Rey Vittorio Amedeo III de Italia, quien adoptó al Vermut como la bebida de la Corte, llegó con el tiempo a expandirse por todo el mundo proliferando en nuevas marcas y nuevas fórmulas; aunque siempre la marca Carpano, con sus variedades Rosso Clásico y Antica Fórmula, marcan el estándar y la máxima calidad de esta bebida.
Argentina crisol de razas, en especial la Italiana, hizo que nuestra tierra sea propicia para que las semillas de esta bebida prendan en cada mesa. Las primeras marcas que recordamos de nuestra infancia, el infaltable Martini y Cinzano, se instalaron entre 1925 y 1930. Saenz Briones, una empresa local, sacaría luego su aperitivo “El Abuelo”. Más tarde conoceríamos aquí una bebida típica de Rosario y el campo Santafesino, El Amargo Obrero, elaborada a base de una mezcla de hierbas aromáticas serranas.
Si bien cada uno de nosotros debe tener su historia con respecto al Vermut, su preparación y rituales, no podemos dejar de clasificarla como una bebida compañera. Una bebida que sirve para abrir la mesa del domingo, esperando la pasta casera. Es quien, con hielo, una rodaja de naranja y soda, nos acompaña mientras controlamos que las brasas no cocinen de más el asado. Es quizás la bebida que mejor queda con el atardecer, para una charla de amigos, picando algo. El vermut siempre está allí, fiel a uno, esperando escuchar las charlas y compartir las carcajadas. ¿Existe una bebida más compañera de charlas? Es muy probable que, entre los jóvenes, la cerveza le haya sacado protagonismo; pero nuestro noble amigo no da dolor de cabeza, resaca, y sobretodo te mantiene feliz, quizás hasta facilitando la digestión gracias a su mezcla de hierbas.
Rosso, Soda, Naranja y hielo. Uno es feliz con tan poco…
Recuerdo los mediodías o media tarde allá en Ciudad Evita, cada vez que alguien aparecía por casa, era un ritual; el mantel lino entre verde y blanco cubría la mesa, y siempre allí desfilaban los salamines, quesos, el Martini Rosso y el sifón sudando y generando la aureola en el mantel que devendría en el reclamo de mi vieja de “¿Por qué no pusimos un platito debajo del sifón?”. Torturas de madre antiperonista que no disfrutaba del momento.
Es que el vermut es eso, es la bebida que está en la mesa cuando hay bienestar, cuando a la gente le sobra una moneda y la comparte para extender el círculo de la felicidad, el aura de bienestar que se debe regar. Como toda tradición tiene un ritual que hay que respetar, el vaso con hielo y el sifón para llevar esa felicidad que emana cuando uno huele esa danza de hierbas y vino girando en tu mano.
Durante años los defensores del vermut la pasamos mal, por la baja de ventas y el consumo: mermó un poco la calidad, y subió considerable el precio; pero gracias a nuestra persistencia y amor por este elixir fuimos recompensados (tarde pero con creces): ahora tenemos más variedad para despuntar el vicio durante las horas de espera para el almuerzo dominical, siempre rodeados de amigos.
Pequeños productores locales revalorizaron esta bebida: El Único, La Fuerza y, (para mí el más delicado y refinado), el Lunfa: un elíxir increíble, una magia, que al olerla me lleva a mi adolecencia, a una tarde paseando por la topetitud de la avenida Alvear y la primera vez que pasó una dama producida, stilettada y perfumada junto a mí y dejó una estela de su fragancia, mágica, como diría el gran Henry Church, “Es una experiencia religiosa”.

A continuación, les dejo algunas de las maneras de preparar la bebida de los dioses compañeros,
Sodeado
Vermut a ojo; una rodaja de limón o naranja; hielo
Americano
Iguales Partes de Vermut y Campari; el doble de soda; decorar con una rodaja de naranja
Negroni Clásico
Gin; Vermut; Campari; perfumar el vaso con el alcohol de la cáscara de una naranja; hielo; rodaja de naranja
Nengroni Sbagliato
Con champán en lugar del gin. O incluso un Bourbon; Bourbon en lugar del gin.

jorG Villar

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