Colaboraciones, Numero Seis

Desigualdades de Genero

Existen distintas desigualdades en el mundo del trabajo, entre las más destacadas están las desigualdades de género. Algunxs autorxs han brindado importantes aportes que permiten tener una apreciación más clara del desarrollo de esta desigualdad y sus consecuencias.
El concepto de división sexual del trabajo es una de las principales piezas para comprender cómo las distintas tareas y los diferentes tipos de trabajo se distribuyen de manera desigual entre varones y mujeres. La evidencia demuestra que la primera gran división se da entre el trabajo productivo, considerado como aquel que se utiliza para producir bienes y servicios con valor económico, y el trabajo reproductivo o de cuidado, que se utiliza para reproducir cotidianamente la vida de las personas. Los varones están sobrerepresentados en el trabajo productivo y las mujeres en el reproductivo. Existe una naturalización de la capacidad de las mujeres para las tareas de cuidado. Se considera que la capacidad biológica (parir y amamantar) “exclusiva de las mujeres” las dota de capacidades superiores para los aspectos del cuidado (como higienizar a lxs niñxs, preparar la comida, limpiar la casa, organizar las diversas actividades de cuidado necesarias en un hogar) (Rodríguez Enríquez, 2017).
Así mismo estas representaciones que se configuran en torno a lo femenino en el espacio doméstico se trasladan también a otros espacios, como el mercado de trabajo. Aquí la desigualdad de género se expresa en términos de la menor participación, altas tasas de desempleo, peores condiciones y menores ingresos laborales para las mujeres. Esta inequidad da cuenta de una segregación horizontal (por rama y tipo de ocupación) y segregación vertical (por niveles de jerarquía). Las mujeres se insertan en actividades técnicas y científico-profesionales y en actividades de baja calificación, principalmente en servicios generales, comercialización o gestión administrativa. Además, la probabilidad de las mujeres de insertarse en un puesto formal y registrado, es significativamente menor que la de los varones. Se da un proceso llamado piso pegajoso, que mantiene a las mujeres sobrerrepresentadas en las ocupaciones de menor calificación (Faur y Zamberlin, 2008; Rodríguez Enríquez, 2017). En palabras de García Beaudoux (2017), las mujeres deben atravesar laberintos, paredes y techo de cristal en el mercado laboral. Los primeros hacen referencia al arduo camino que las mismas deben transitar para alcanzar promociones o ascensos. Tienen que atravesar mayor cantidad de obstáculos que los varones aún con la misma o mayor formación y experiencia laboral. Las paredes, por su parte, tienen que ver con la segregación horizontal, que relega el acceso de las mujeres a ciertas áreas del mercado laboral. Por último, el techo de cristal, hace referencia a esa barrera invisible que enfrentan las mujeres que aspiran a ejercer altos, que hace que se estanquen y solo logren acceder hasta puestos medios.
Es interesante observar cómo estas tareas reproductivas se han intensificado en este contexto de pandemia. Aquellas mujeres que también realizan tareas en el mercado laboral, y hoy realizan “home office”, se encuentran en un proceso de precarización con una doble jornada laboral yuxtapuesta e intensificada.
Para profundizar en este tema les recomiendo vean esta conferencia de Corina Rodríguez Enríquez. Por último, cuando hablamos de las desigualdades de género en el mundo del trabajo no hablamos solo de las desigualdades que sufren las mujeres cis. Existen múltiples identidades de género que sufren iguales o peores desigualdades en el mundo del trabajo. Un claro ejemplo, son las condiciones laborales a las que se enfrentan las personas trans. El estudio de Rada Schultze (2017) que realizó en el AMBA, nos muestra que una de las particularidades de las travestis en el ámbito laboral es la marginalidad, la informalidad y la precariedad de los puestos de trabajo que se les ofrece. Uno de los pocos medios de subsistencia que históricamente han tenido (casi el único) es el de la prostitución en condiciones infrahumanas. Otra de las posibilidades que presenta una tendencia, aunque mucho menor que la anterior, es el del trabajo “en negro” (trabajo precario e informal) en talleres textiles.
Por último, es necesario mencionar que estos procesos de desigualdad y expulsión configuran distintas realidades para cada grupo de sujetos. Dependen de múltiples ejes de diferencia que pueden atravesarlos (económicos, políticos, culturales, identitarios, etc.) y de cómo éstos se intersectan en contextos históricos específicos: las llamadas identidades interseccionales (Crenshaw, 1991; Brah y Phoenix, 2004).
Bibliografía consultada
Beaudoux, Virginia (2017) “De techos, suelos, laberintos y precipicios. Estereotipos de género, barreras desafíos de las mujeres políticas” en Freidenbeg, Flavia y Del Valle Perez, Gabriela (Editoras) “Cuando hacer política te cuesta la vida. Estrategias contra la violencia política hacia las mujeres en América Latina”, Tribunal Electoral de la Ciudad de México, Ciudad de México.
Brah, Avtar (1992) “Diferencia, diversidad y diferenciación”. Londres
Crenshaw, Kimberlé (1991) “Mapping the Margins: Intersectionality, Identity Politics, and Violence

Dejar una respuesta