Numero Seis, Peronios En el Mundo

Luchador y Peronista

Nacido en 1976 en el barrio porteño de La Paternal, F relata una experiencia familiar bastante común en la colectividad argentina judía. El padre de F murió cuando éste tenía ocho años. Pero en su adultez se enteró de un secreto profundo del cual sus parientes habían hablado solamente en susurros: su padre, un obrero industrial, había sido peronista.
No fue simplemente que su padre se había “equivocado” como seguidor judío de Juan Domingo Perón, sino que su identidad peronista avergonzaba a los/as familiares. Este obrero industrial representó la antítesis a la aspiración de la clase media judía porteña. La historia que contó F se corresponde con la imagen del periodista Jacobo Timerman en el libro Timerman: el periodista que quiso ser parte del poder. La autora, Graciela Mochkofsky, liga la identidad judía de Timerman (y de otros/as argentinas judías) a la modernidad del siglo XX, asociada con los ideales liberales decimonónicos, de orígenes en la Francia napoleónica, y a los principios de ciudanía completa y libre para los/as judías en Europa.
En su libro Los muchachos judíos peronistas, el historiador Raanan Rein demuestra que la distancia entre los/as judías y el peronismo era un mito. Mientras que muchas personas aún asocian a Perón con el antisemitismo, antes de Rein, no se había demostrado tan contundentemente que dentro de la colectividad judía hubo un apoyo notable a Perón. Tomando en cuenta la persistente asociación del peronismo con la identidad argentina, el mito del distanciamiento entre la comunidad judía y el peronismo constata el tono prejuicioso cuando se la presenta como extranjera. Los muchachos judíos peronistas explica que el peronismo es también la historia de la comunidad judía argentina en el siglo XX. Perón declaró explícitamente que la etnicidad judía –así como la árabe o la japonesa– no sustraía la identidad argentina. Al contrario, el peronismo representó el primer movimiento político argentino que afirmó la argentinidad de las distintas colectividades étnicas y religiosas. Para muchos/as argentinas judías, el peronismo ofreció una entrada libre de dudas a la nueva sociedad argentina –la Nueva Argentina de Perón en la formula partidaria– que se forja a partir de los años cuarenta.
El deporte peronista
Perón practicó todo tipo de deporte, desde el boxeo al esquí, desde la esgrima al motociclismo. Más allá de reforzar su propia masculinidad con el cultivo de una imagen pública de deportista vigoroso, Perón llegó a la presidencia con una visión de inclusión social que incorporaba el deporte para beneficiar a las clases populares. Los diez años peronistas fueron, según el antropólogo Eduardo Archetti, “ejemplares y no hubo, posteriormente, otros intentos sistemáticos de vincular el deporte con la nación a través de políticas estatales claras y articuladas”. Además de la participación de miles de jóvenes en los Juegos Evita y de la organización de espectáculos deportivos como los primeros Juegos Deportivos Panamericanos de 1951 y la construcción de infraestructura deportiva como el Autódromo Municipal, Perón apoyo a numerosos/as deportistas, desde boxeadores de barrio hasta automovilistas famosos. Por ejemplo, el boxeador José María Gatica era favorito de Perón. Su lazo con el peronismo iba más allá de ese apoyo, se autoidentificó con el peronismo y el hecho de que el público lo percibía como peronista marcó una pertenencia social y cultural que excedía a la política que promovía el Movimiento. Como luchador, como trabajador y como buscavida exitoso, Gatica representaba la esperanza que la clase trabajadora asociaba con la Argentina del futuro cercano bajo la tutela del peronismo. De la misma forma, cuando Evita Perón apoyó al equipo del Club Atlético Banfield en el campeonato de fútbol masculino de primera división de 1951, reconoció esas mismas cualidades en jugadores poco conocidos del conurbano bonaerense: luchadores, trabajadores y buscavidas.
León Genuth, un luchador argentino judío que se destacó a nivel nacional e internacional durante el peronismo, ejemplificó aquellas cualidades. Rememorando sus entrenamientos de comienzos de los años cincuenta, dijo que entonces “se convivía con mucho entusiasmo y sacrificio”. Por ejemplo, manifestó que “si se cortaba la electricidad, sin achicarse, alrededor de la colchoneta se colocaban unas velas en las sillas, para no cortar la actividad y seguir entrenando; asimismo, la mayoría de las veces había que bañarse con agua fría en pleno invierno”. Genuth admitió que “siempre tomé como propio el lema macabeo ‘¡Jazaak Veematz!’ (sé fuerte y valiente), que guio mi vida y mi actividad deportiva”. Esta dedicación estaba en consonancia con la idea que Perón tenía del deporte. En un escrito enviado a los/as deportistas argentinas que participarían en los Juegos Deportivos Panamericanos de 1951, grupo del que Genuth era parte, les expresó que “defender los sagrados colores de nuestra bandera en una justa deportiva presupone el mismo honor y el mismo sacrificio que hacerlo en cualquier otra ocasión. A la patria se la defiende de una sola manera: con toda el alma, con toda la vida”. Y agregó: “recuerde compañero que en esa defensa usted es la síntesis de todo un pueblo” para remarcar que “en los deportes como en todas las cosas de la vida, se vence con la cabeza, se llega con el corazón y se llega aún más allá con la voluntad tenaz e inflexible de vencer”.
La carrera deportiva de León Genuth
Aunque nació en la Provincia de Entre Ríos en 1931, Genuth se desarrolló como luchador en la Organización Hebrea Argentina Macabi de la Ciudad de Buenos Aires. Se destacó rápidamente tanto en estilo libre como en grecorromano. En 1949, aún teniendo edad de categoría juvenil, fue campeón argentino de peso mediano en ambos estilos, logro que mantuvo por varios años. Por ese rendimiento fue seleccionado para competir al año siguiente en la Tercera Macabeada, la primera celebrada en el Estado de Israel, establecido en 1948. Era el debut argentino en ese festival, que promueve las tradiciones, la identidad y la solidaridad judía a través del deporte. Genuth obtuvo el primer puesto en su peso, en ambos estilos. De acuerdo con el testimonio del luchador, Pablo Manguel, dirigente de la Organización Israelita Argentina y embajador argentino en el Estado de Israel entre 1949 y 1954, dedicó sus triunfos sobre el colchón a Perón, quien lo había designado en el cargo. El historiador Ignacio Klich afirma que Manguel, el primer latinoamericano con cargo de embajador en aquel país, formaba parte “de un pequeño grupo de judíos peronistas”.
A su regreso al país, Genuth conoció a Perón a través de Rodolfo Valenzuela, presidente de la Confederación Argentina de Deportes Comité Olímpico Argentino. Perón le entregó un trofeo y preguntó si el luchador estaba concentrado en Ezeiza, donde se había erigido un centro de entrenamiento descripto como “un laboratorio de triunfo”, con el plantel que competiría en los Juegos Deportivos Panamericanos a comienzos de 1951. Como no formaba parte de ese plantel, Valenzuela le dijo que pasaría unas vacaciones con el equipo de lucha. Genuth respondió que no le interesaban las vacaciones, sino tener la posibilidad de participar en las pruebas selectivas que determinarían la conformación final del equipo. Se lo permitieron, fue seleccionado y ganó la medalla de oro en estilo libre en la división de -79 kg. Al año siguiente, Genuth fue miembro de la delegación argentina a los Juegos Olímpicos de Helsinki, donde obtuvo el sexto puesto en el mismo estilo y división. Su último combate fue el 22 de julio, cuatro días antes del fallecimiento de Evita. El Gráfico anunció “que la delegación argentina … recibió un rudo golpe con la noticia”. Por su parte, Mundo Deportivo informó que “en Helsinki se lloró a la abanderada de los humildes” y que aquellos “días, brumosos y tristes, han sido de desconcierto y congoja para los jóvenes integrantes de la delegación argentina”.
En 1953, Genuth compitió en la Cuarta Macabeada, organizada por segunda vez en el Estado de Israel, donde retuvo los títulos obtenidos en 1950. De la misma manera, en los segundos Juegos Deportivos Panamericanos organizados en 1955 en la Ciudad de México, Genuth defendió exitosamente el título obtenido en Buenos Aires cuatro años antes. Todo indicaba que contaba con posibilidades de destacarse en los Juegos Olímpicos de 1956 a realizarse en Melbourne. El mismo luchador recordó tiempo después que figuraba primero en el ranking nacional para representar a Argentina en el evento. Sin embargo, la destitución de Perón por la dictadura cívico-militar autodenominada Revolución Libertadora, casi seis meses después de su regreso de México, frustraría sus aspiraciones. Los dirigentes de la Revolución Libertadora pretendieron expulsar al peronismo de la vida nacional, incluido el deporte. Para ello conformaron una comisión que investigó supuestas irregularidades en el funcionamiento de las federaciones deportivas nacionales y actos considerados en violación al código amateur durante la década peronista. De esta manera, se suspendió, tras un proceso irregular, arbitrario y vengativo, a un importante número de dirigentes y deportistas. Hasta octubre de 1956, Genuth figuraba como miembro de la delegación que viajaría a Melbourne. No obstante, a pocos días de emprender el viaje, fue excluido de la misma. Genuth explicó que “la excusa fue que al haber ganado el año anterior los Juegos Panamericanos en México, tenían que investigar si [los mejores representantes de varios deportes] habían competido por prebendas”. Según el periodista Dante Panzeri, “de León Genuth no existían pruebas de haber recibido la cuarta parte de un auto de los distribuidos a los campeones panamericanos en México”. Pero, proseguía Panzeri, quien apoyaba, en sus palabras, a la “Revolución que hace más de un año puso término a una larga noche de la vida argentina”, como “[Alberto] Longarella [otro destacado luchador que también había ganado una medalla de oro en México] declaró haberlo repartido con personas entre las cuales estaba Genuth, allí cayo éste”.
Para el historiador Roberto Baschetti, después del amargo trance, Genuth “se fue al destierro empujado por los ‘libertadores’”. Entre 1957 y 1959, Genuth trabajó en México y en Estados Unidos enseñando lucha y a su regreso al país tomó a su cargo ese deporte en la Sociedad Hebraica Argentina. Al poco tiempo, la Federación Argentina de Lucha lo designó como entrenador de la selección nacional, preparando equipos para varios eventos internacionales. En 1967, Genuth fue contratado para desarrollar la lucha en Perú, donde residió por diez años. Al volver a Argentina, tomó a su cargo la lucha en la Organización Hebrea Argentina Macabi y la Federación Argentina de Lucha lo designó entrenador de todas las selecciones nacionales.
Un luchador peronista
La exitosa carrera deportiva de Genuth, así como su abrupto final, coincidió con la década peronista. De esta manera, estuvo marcada por los lineamientos, las políticas y las vicisitudes del gobierno de Perón. Genuth fue el deportista argentino judío de mayor relevancia durante ese período y, quizá, uno de los más transcendentes de la historia nacional. No se conocen pronunciamientos públicos sobre su posición respecto al peronismo. En relación a su exclusión, por la Revolución Libertadora, de la delegación que competiría en los Juegos Olímpicos de Melbourne en 1956, Genuth declaró crípticamente “que se alejó del amateurismo [y no siguió compitiendo] por darse cuenta de la politización del deporte”. Cualquiera haya sido su posición respecto al peronismo, su figura representó, al decir de Rein, la legitimación peronista del “mosaico de identidades de distintos grupos étnicos [y religiosos] en su país” y la compatibilidad, por ejemplo, entre ser un buen argentino y ser un buen judío. La coincidencia de su visión del deporte con la de Perón no es sorprendente. Es en este sentido que Genuth puede concebirse como un luchador peronista. Así, fue símbolo de la integración social promovida por el peronismo sin tener que renunciar al componente judío de su identidad. Con Genuth, y a partir del impulso del peronismo, los/as deportistas judías pasaron a formar parte de la polis deportiva argentina. Una crónica de Mundo Deportivo sobre el torneo de lucha de los Juegos Deportivos Panamericanos de 1951 mencionaba su medalla de oro y destacaba su actuación el año anterior en la Tercera Macabeada. La revista también resaltaba que merced a la destreza de los luchadores nacionales y el estímulo del público “la victoria de conjunto fue para los nuestros”. Genuth, un luchador argentino judío peronista, era uno de ellos.

  • Escrita por Cesar Torres Doctor en filosofía e historia del deporte. Docente en la Universidad del Estado de Nueva York (Brockport) y David M. K. Sheinin Doctor en historia. Docente en la Universidad de Trent.
  1. JOE AUBERGINE

    Excelente; he disfrutado de vuestra investigación y vuestro artículo.. Claro eranse judiíos especiales.., A lado de Peron hubo inmumerables paisanos.. algunos como Neustad..y otros como . Gerbard, Bronner, Madanes, Graiver,Timerman, Diamand, Grispun que formaron parte de una burguesía industrial Patriota y nacional,Hasta que llegó el libernazzismo de la junta militar civil agropecuaria con sus crímenes de LESA HUMANIDAD, hasta hoy impunes .. GRACIAS

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