Los Peronios dicen, Numero Siete

Los Peronios Dicen

PANDEMONIUM

Agrego a este brevísimo escrito, o post-scriptum, -que lleva ya más de un mes dando vueltas por mis archivos- que hace solo dos días me enteré que el psicoanalista Jorge Alemán está a punto de publicar en España un libro titulado ‘Pandemónium’, queda hecha la aclaración para que no se piense que me he apropiado del título, que por otra parte –valga decirlo- en este contexto internacional no es ninguna manzana caída sobre Newton.
Los demonios se desataron, en efecto, y como toda familia infernal se presentan bien diferentes unos de otros: hay demonios para todos los gustos, para que no la tengamos fácil, para confundirnos, desesperarnos, elaborar teorías conspiranoicas, suicidarnos en masa -incluso de manera virtual frente a pantallas que nos ignoran-, o, de una vez por todas, aprovechar esta oportunidad única para ser creativos y estar alertas a la síntesis que surja entre nuestros hechos y lo que acontece fuera de nuestro control, simplemente con las antenas enhiestas.
Voy a dejar de lado (por considerarla una tarea tediosa y ajena al rumbo natural de mi inspiración) la razonable duda de cómo gente que pertenece a nuestra clase social (baja, media o media baja), con más o menos la misma educación y grado de bienestar sociocultural, de hecho más o menos con el mismo salario (y que comparte más o menos con la misma pasión un partido de la selección Argentina o la Noche de los Museos) puede ignorar a tal grado, no digamos ya el ‘relato’ de la pandemia del covid-19, sino la percepción misma de la realidad! (o sea: no se les pide que lean Pag 12 ni que vean C5N ni que vistan una remera de La Cámpora), hablamos del más llano y honesto sentido común, esa famosa doble vara que tristemente domina tan bien la llamada ‘prensa independiente argentina’, cuando sabemos perfectamente de quién es la mayor cantidad de papel prensa y quiénes se la otorgaron para custodiar celosamente su Proceso (menos Kafkiano que Orwelliano). Que otras mentes más ágiles y mejor dotadas que la mía se encarguen de analizar tamaña entelequia.
Lo más conmovedor e insólito de esta pandemia que cae en número redondo, 2020, es la enorme oportunidad de ser realizadores de cambios verdaderos, después de mucho tiempo que no se daba esa oportunidad (tal vez desde el final de la Primera Guerra Mundial, cuando de hecho apareció la última pandemia universal, entonces llamada insólitamente ‘gripe española’, ya que nada tenía que ver con la península ibérica.
Pero salvo las voces perdidas de iluminados como Hermann Hesse, Aldous Huxley, Erik Satie o Lanza del Vasto, la gran oportunidad se perdió, y la encontraron en cambio Hitler y Mussolini, entre otros paracaidistas del destino). Si la filosofía posmoderna -en su mayoría- intenta convencernos de que ‘nada hay fuera del lenguaje’, más que nunca hoy –en este preciso momento- tenemos que promover acciones, hechos concretos y tangibles, y que los lenguajes después se construyan en torno a esos hechos, en relación a lo que la gente escoge para su propio bienestar que irremediablemente es el de todos. En referencia a que ‘nada hay fuera del lenguaje’, si bien entiendo la quimera que encierra el enunciado –una falacia formal aún sin bautizar- lo primero que me viene a la mente es que los presocráticos, ya no los más ‘cercanos’ como Heráclito o Parménides, sino los primitivos, los Siete Sabios de Grecia, Tales de Mileto, Anaximandro, Pitágoras, todos esos pioneros del pensamiento, primero pensaban, después actuaban, y no siempre recurrían al lenguaje (al menos escrito). La descripción del pensamiento ocurría siempre después. Era una tarea de escribas, que por lo general estaba asignada a los ciegos, como Homero (pero dado que el vocablo homero en griego antiguo significa ‘ciego’, ‘el que no ve’, jamás sabremos si el autor de la Odisea y la Ilíada se llamaba así o sencillamente lo denominaban por su condición de no vidente).
Para el caso hasta se podría reflexionar que cierta parte del periodismo argentino llamado ‘independiente’, bien podría ser honrado con el apodo de Homeros. Ellos y los homeros lectores que tan ciegamente interpretan de inmediato sus invectivas-inventivas como joya literaria extraída de la Arcadia.
En el tiempo que llevo meditando sobre la pandemia y sus ‘consecuencias’, la caída de la economía, la baja en la producción y las retracciones del comercio parecen ocupar para gran parte de comunicadores y políticos de la oposición (a la vida) el mismo lugar que los filósofos posmodernos le asignan al lenguaje. Fuera de la economía no hay nada. Pero el otro día, razonando esta cuestión con un niño de 9 años, él opinaba que así como el lenguaje describe los hechos, la economía los reproduce, a groso modo, una suerte de sintagma analógico que usó el pibe para dejarme sorprendido.
Las pandemias ocurren básicamente porque se introduce un nuevo virus aún no asimilado por el sistema inmunológico de los seres vivos. Incluso antes del descubrimiento de la penicilina, los rayos X, la anestesia y la tomografía computada, los virus ya tenían fama de golpear fuerte al principio para ir desvaneciéndose en el aire como todo sólido, ya que si bien son microscópicos tienen su solidez por mínima que sea.
Se recuerda como la primer pandemia importante de la historia a la ocurrida en Constantinopla durante el reinado de Justiniano, quien de hecho pereció en 541víctima del virus. Probablemente debe haber habido otras pestes anteriores a esta, pero la llamada Peste de Justiniano ha quedado registrada en la historia como la primera. Las consecuencias económicas de aquella mortandad fueron tremendas ya que en el pico máximo había más muertos que vivos, en especial los varones que eran casi exclusivamente la fuerza productiva de trabajo. Sin embargo varios meses después de iniciada, la curva de muertes descendió prácticamente hasta la normalidad. Hubo que esperar ocho siglos para que a mediados del siglo XIV surgiera otra peste en Europa, en 1346, con un fuerte rebrote en 1353. Esta peste conocida como Peste Negra o bubónica, llamada así por las dolorosas llagas producidas sobre todo en los ganglios axilares y del cuello, era transmitida por las ratas que de hecho viajaban en carromatos y barcos, diseminando así el virus a los cuatro vientos, trascendiendo fronteras y continentes.
Posteriormente, en el siglo XVIII el virus de la viruela asoló al mundo aniquilando o desfigurando a los sobrevivientes, al punto de que en España, Italia y Francia diezmó entre el 60 y 70 por ciento de las poblaciones.
La llamada gripe ‘española’ que mencioné al principio tuvo su origen en un hospital militar de Estados Unidos en el último año de la Primera Guerra Mundial, marzo de 1918. Se la denominó así precisamente porque la información sobre esta mortal enfermedad circulaba sin restricciones en España, país neutral, dado que entre los países beligerantes la noticia se mantuvo en sumo secreto a fin de no desmoralizar a las tropas, que por uno u otro motivo estaban destinadas de todos modos a la muerte.
Hoy se sabe que entre el comienzo de aquella pandemia y su final, en 1919, perdieron la vida entre 20 y 50 millones de personas, algunos incluso suponen que pudieron ser 80 o 100 millones.
Pero también tuvo un final, ya que al parecer los virus se debilitan al mutar con otros de cepas similares pero de menor virulencia; aparentemente ese es el comportamiento aproximado de las conductas virales a través de los siglos, por lo cual no es un exceso de optimismo pensar que el covid-19 también atenuará su ferocidad incluso antes de que algún laboratorio anuncie el descubrimiento de una vacuna o tratamiento.
Lo que ciertamente no se atenúa, ni mengua ni decae por sí solo es el canallesco uso político que aquí y en todas partes del mundo se practica ante una circunstancia tan lamentable.
Queda expuesto para quien quiera oír y entender, que el denominador común de la derecha económica (digo solo económica porque para la derecha la política es apenas un fasto con el que deben lidiar) nunca ha tenido, ni tiene, ni tendrá jamás el menor interés en las personas como tales, sino en tanto consumidores, clientes, sujetos susceptibles de comerciar, repito: no como personas, en términos de Hermann Hesse ‘ensayos únicos e irrepetibles de la naturaleza’, sino como números, índices, porcentajes, tasas, estadísticas.
Así es como la derecha ve la pandemia: un molesto
obstáculo para la generación de más ganancias y acumulación de riquezas. Pero ‘los muertos no pagan’ dijo no hace mucho alguien con gran sensatez, ni trabajan ni consumen ni generan riqueza. Creo que no hace falta una gran inteligencia para darnos cuenta que si después de la peste de Justiniano, en el siglo sexto, la humanidad tuvo la capacidad de reanudar su marcha, no hay motivos para creer que no lo pueda volver a hacer esta vez. No es la vida lo que hay que minimizar ni olvidar en estos momentos de curvas ascendentes, sino la desmedida voracidad del capitalismo y sus trucos para pocos.

Mariano Ele


OBSERVACIONES CRÍTICAS SOBRE LA SOCIOLOGÍA PANDÉMICA

Incursionar en la descripción de una situación inédita en la vida, de todas las generaciones actuales, que sin dudas cambió y modificará nuestros comportamientos a futuro, implica asumir el riesgo, con la humildad de una mirada, que ni siquiera adquiere rango de análisis, al no ser erudito en la sociología, pero observador de una realidad dramática, para los argentinos y el los pueblos del mundo.
No es apocalíptico lo que quiero expresar, al contrario, creo que los instrumentos que puedan dar vuelta una ecuación, catastrófica para el género humano, es una responsabilidad política, de la dirigencia mundial, que permita a corto plazo, poner límites a la Crisis Civilizatoria que azota la Humanidad, ya que al descontrolarse el cambio climático y el calentamiento global, el peligro es inminente y las pandemias y eventos naturales, de una naturaleza enojada, se repetirán.
No son casuales los anticipos cinematográficos, de ciudades que no existen y sobrevivientes que deambulan, ya que estamos viviendo los prolegómenos de una sociedad canibalizada por maniqueísmos, que hacen de la destrucción del otro, un mecanismo cotidiano de lucha por la supervivencia y política, apoyada en el exterminio, antes que disputas de poder, asentadas en la persuasión.
Esa situación en Pandemia, sacó a la luz las virtudes y miserias preexistentes en la comunidad, en sociedades sacudidas por décadas en la fragmentación social, el racismo, la intolerancia y la violencia, construidas por años de neoliberalismo, culturalmente dominante.
La confrontación entre la solidaridad social activa y la embestida por deteriorarla, es un signo de la época. Es que solidaridad, es lo contrario al interés de mantener apuntalando el Estado mínimo, al servicio de los intereses privados y afianzando el individualismo egoísta, que fue condicionando las políticas sanitarias, destinadas al cuidado de la salud y al bien común, deteriorando la confianza pública en los instrumentos propuestos, relajando los mecanismos de cuidado de la salud y transformando los ejes sanitarios, en un campo de disputa política.
Esa confrontación binaria, diseminada en el seno de la comunidad, debilitó los lazos solidarios necesarios, para el cumplimiento de las medidas propuestas, llevando al conjunto social argentino, a un drama, que si bien no podíamos evitar, al no existir herramientas para derrotar al virus, podríamos haber controlado en su magnitud.
Los medios hegemónicos y la teoría del Caos, funcionaron sobre el consciente colectivo, como parte de la confrontación política, sin querer aislar de la misma, la situación sanitaria, por lo cual amplios sectores sociales comenzaron a abandonar los protocolos programados estratégicamente.
Nada es producto de la casualidad, sino de planificación programada por un sector del poder hegemónico, en el marco de una guerra sanitaria, no asumida por el conjunto de la dirigencia política y social argentina, que como pasó en otros países, en donde la confrontación del neoliberalismo está presente, por lo cual siguió con su ritmo normal de maximizar los planteos, algunos con objetivos destituyentes, como si se pudiese exigir políticas económicas y negociaciones de poder, sin que la situación Pandémica misma, estuviese presente.
Entonces los comportamientos sociales de los pueblos, incluido el nuestro, están condicionados por presiones culturales, políticas, económicas, agitadas por sectores de poder, que hacen de la salud de los pueblos, una simple ecuación económica, un gasto más de un Estado, al cual quieren condicionar para permitir, políticas macro económicas de ahorro fiscal, que termina siendo otorgado a los sectores hegemónicos, empresariales y financieros, en detrimento de las necesidades populares, en la redistribución de la riqueza.
Para ese fin, la utilización de los medios de comunicación es esencial, para la manipulación de la opinión pública, que termina naturalizando prácticas perversas del poder, llevando a comportamientos suicidas, a una población confundida, por ejemplo sobre la efectividad o no de las vacunas, la existencia misma del virus, la limitación de las libertades individuales por el aislamiento obligatorio, las teorías conspirativas a nivel internacional, que van mellando la credibilidad del pueblo, en las políticas sanitarias, reduciéndolas a una simple instrumentación de las voluntades colectivas del pueblo.
La utilización del bisturí por un cirujano es un instrumento de vida, si opera con éxito a una persona, pero pasa a ser un instrumento criminal si agrede a alguien y los apuñala en la carótida, no le cabe la mala praxis, es asesinato. Es el mismo bisturí, un instrumento como son los medios de comunicación, que pueden ser vehículos de información, con libertad de expresión o pueden constituirse en sembradores de odios, linchamientos, persecuciones, mentiras y operaciones políticas, destinadas a debilitar un Gobierno y llevar desánimo al pueblo, dejando de ser, en ese caso un instrumento de comunicación, para ser parte actoral del juego de poder. No le cabe la libertad de expresión, es acción antidemocrática.
En ese sentido deberíamos admitir las múltiples complejidades de los comportamientos sociales, provenientes de subjetividades conformadas, en un medio social, culturalmente violento, binario y maniqueo, que nos lleva a desechar los análisis facilistas, que demonizan por ejemplo la juventud, en el debilitamiento de las conductas públicas de aceptación sanitaria, cuando toda una catarata de falsas informaciones, distorsiones y críticas infundadas, van tallando un perfil social dubitativo y temeroso, ante las políticas sanitarias implementadas en defensa de la vida y el bien común.
La politización agresiva del ataque a las políticas sanitarias, debería ser juzgado penalmente, como un atentado a la salud pública.
Para terminar creo que la reconstrucción de la solidaridad social activa, recreando un marco comunitario de afectos, que acompañe un destino común, como pueblo, es una tarea estratégica como Patria
De ahí a la Comunidad Organizada hay un paso trascendente, que debemos plantear en la pospandemia, que es la relación de los seres humanos con la naturaleza, la construcción de modelos sociales biocéntricos, que respeten ese equilibrio necesario para la vida de todos los seres vivos, flora y fauna, que aquí en nuestra América, mestiza y morena, criolla y migrante, han constituido una síntesis cultural, una identidad plena, en paz, con victorias y derrotas, pero siempre apoyada en el cuidado de la Patria Matria Grande, que nos cobija.

JORGE RACHID – @elkotur
www.lapatriaestaprimero.org

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