Los Peronios dicen, Numero Ocho

Los Peronios Dicen

Carta Abierta del Grupo de Curas por Opción a los Pobres

Acabamos de comenzar el año 2021 en medio de una situación sanitaria, con sus consecuencias sociales y económicas, que exige de todas y todos nosotros «poner el hombro» y hacerle frente solidariamente. La pandemia de Covid-19 recrudece en el mundo entero y exige fuertes medidas que permitan atravesar de la mejor manera posible hasta tanto pueda ser controlada. Por eso no podemos dejar de asistir azorados al recrudecimiento de otra pandemia: la «pandemia moral» de quienes parecen empeñados en «poner palos en las ruedas» e impedir que los seres humanos podamos unirnos para enfrentar una crisis que, de una u otra manera, nos afecta a todos. Intereses políticos, intereses económicos, intereses de poder que tratan de sacar tajada de la desgracia de todas y todos a costa del bien común. Nuestra Patria no es la excepción, ni somos quienes habitamos este bendito suelo.
Por el contrario, en estas semanas en las que la curva de contagios ha aumentado notoriamente, asistimos al recrudecimiento de un carnaval de inmoralidad que se manifiesta en falsas noticias, «conspiracionistas» varios que pretenden disfrazarse de ciencia, oposición a cualquier medida que tomen las autoridades elegidas por el voto del pueblo, oposición por oposición, en definitiva.
La inundación de los medios hegemónicos con informaciones falsas respecto de la vacunación, la incitación a la aglomeración, la calificación de cualquier medida que pueda restringir la circulación del virus como restricción de las libertades individuales (¿terminarán diciendo que disparar un arma contra otra persona es un ejercicio de la libertad individual?), parecen la réplica multiplicada por miles de la inveterada costumbre de ciertos sectores de hacer política «tirando muertos sobre la mesa».
Sectores económicos, que no han dejado de hacer pingües ganancias durante este tiempo en que la gran mayoría de la población ha asumido enormes dificultades económicas en beneficio del cuidado mutuo, manifiestan su insensibilidad social pretendiendo no reducir sus ganancias un mínimo porcentaje en beneficio de toda la sociedad. Empresas prestadoras de servicios, hoy indispensables, aumentan sus tarifas más allá de lo permitido, «por si pasa». Una pequeñísima pero poderosa minoría cartelizada ―los «dueños de la tierra» que se autodenominan «el campo»― se niega a ceder una mínima ganancia (que no pueden llamar pérdida), aún poniendo en peligro el derecho a una alimentación digna de todos y en especial de los más vulnerados por esta crisis, extorsionando a la sociedad entera con la amenaza de un lockout convocado para la semana que entra por el solo hecho de que se les pide que por dos meses contengan su avaricia..
Podríamos enumerar más carrozas de este carnaval inmoral. Como cristianos, nos asusta y nos avergüenza que muchos de los que lo conducen digan profesar nuestra fe. Evidentemente no creemos en el mismo Cristo en quien dicen creer. Acabamos de celebrar la memoria de Aquél que siendo rico, se hizo pobre por nosotros, de Aquél que «se vació de sí mismo asumiendo la condición de siervo» (Flp 2,7), el que nació en un humilde pesebre para ser, desde ese pesebre, Luz de las Naciones. No podemos dejar de intentar un llamado a la solidaridad, no podemos dejar de creer que pueden convertirse al Evangelio del Nazareno. O, por lo menos, que recupere la sensatez y la responsabilidad social. Y no podemos sino llamar a todos y todas a no dejarse engañar por la maldad.

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El Primer revolucionario


Desde esta pequeña columna de cine que me propusieron mis compañeros de Peronia, hoy voy a hablar de uno de los engendros más nombrados y quizás menos conocidos de la historia de la humanidad: Jesucristo Superstar.
Esta ópera rock/obra de teatro/película de cine/adaptación de teatro nuevamente y traducida a todos los idiomas del mundo cristiano fue mal comprendida y mal aceptada por los sectores más rígidos y dogmáticos de la iglesia catolica porque no se dieron cuenta que en realidad les generaba un beneficio: en el auge de su historia logró captar generaciones descreidas de la guerra de vietnam y hippies que se habían alejado para convertirse en la evangelización más efectiva del siglo XX. Gracias a Jesucristo Superstar, florecieron bandas de rock cristiano que arriaron el rebaño de la juventud a las huestes del cristianismo. Pero esa historia no tiene mucho que ver con Peronia. Perdon que me vaya por las ramas, pero ya van a entender el por qué.
Entre los datos formales de Jesucristo Superstar, sabemos que nació en la década de los 70, en sus albores, donde las óperas rock iniciadas con The Who demuestran el compromiso político de quienes las escribían y las actuaban. Fueron verdaderas revoluciones culturales, banderas ideológicas en una época donde todo estaba tan ciclotímico y cambiante que era difícil llamar la atención. Primero fue una ópera rock, luego fue obra de Broadway, luego película y como corolario interminable cantidad de versiones de teatro alrededor del mundo; según uno de sus creadores, la versión protagonizada por Camilo Sesto, fue muy superior a la original y es difícil destronar.
Pues bien, ¿de qué trata Jesucristo Superstar? Claramente nos cuenta la pasión de Cristo en una versión increíblemente psicodélica. Jesus se ha convertido en una estrella de rock, adorado por todos y desviado del camino original por el cual vino a este mundo: la revolución. Salvar al pueblo cristiano de las crueles manos del Imperio Romano. La hoguera de las vanidades representada en Jesús, tiene su contrapunto en un Judas terriblemente atormentado. El único discípulo filosófica y moralmente superior. La película comienza con El Traidor reclamando a Jesus. Y termina con su traición, que en realidad no es tal; sino que, en el fondo, es devolverle su divinidad. Aunque tenemos que reconocer que en esta obra, se juega permanentemente con la divinidad de Jesús. Su padre lo ignora en sus rezos, rompe las reglas de la época y convenientemente, el giro en la trama, el final, es que Jesus no resucita. La obra termina con su muerte. Decidieron dejar en tela de juicio la divinidad del Guerrillero Primigenio. Antimilitarista, pacifista y claramente, hippie. Un Jesús escapado de Woodstock y un Judas que nos recuerda a Jimi Hendrix
Seguimos sin entender porque estos romanos con metralletas, este Jesús estrella de rock y este Judas atormentado es tan importante en la cultura argentina. A eso vamos, corría el año 1973 y Alejandro Romay, más conocido como el zar de la televisión, había gastado toneladas de dólares (Doscientos mil para ser precisos) para traer la obra a la Argentina. Iba a ser una superproducción de poquisimas funciones en el Teatro Argentino. Se estrenaba el 2 de Mayo de 1973, cosa que nunca ocurrió. En el ensayo general, entraron 7 encapuchados con armas, dispararon tiros al aire para amedrentar a los trabajadores y con 12 bombas molotov redujeron a cenizas el teatro que se encontraba a pocos días de cumplir 89 años. Otra vez, los soldados del Imperio actuaron como gestores de la moral e impedían que la posibilidad de germinar semillas de libertad en la gente de bien fuera truncada. Otra vez la violencia. Otra vez, apagar una posible revolución.
Los medios de la época dijeron que fue un error técnico, que había demasiado líquido volátil en el utileria. Pero fuera de las fronteras del país, Andrew Lloyd Weber relataba la verdad. Otra vez ocultar el sol con la mano. La quema de El Argentino fue una tragedia y una metáfora de lo que vendría después. De la historia de las revoluciones en la Argentina.
Si quieren ver Jesucristo Superstar, la película resulta interesante, por los meta textos: son un grupo de actores, que van a representar la obra a las locaciones originales que llegan en un colectivo signado por el 666. Si les tengo que recomendar, busquen la versión de Camilo Sesto, no se van a arrepentir.
Jesucristo Superstar tiene la cucarda de tener el primer Jesus y el primer Judas Marxista. De establecer en el siglo I la búsqueda del hombre nuevo. De la idea de revolución. Esta aberración de película, y demases, solo fue superada por otra, también pergeñada por Tim Rice, guionista de Jesucristo Superstar y partenaire de Andrew Lloyd Weber. La “Evita” de Madonna. Pero ese es otro cuento, que hoy no viene al caso.

Mina Peroggi – @minaperoggi


Se fue. que no vuelva

“Yo no lo voté”. ¿Cuántas veces lo hemos escuchado? ¿Cuántas veces nos hemos preguntado cómo han ganado las elecciones determinados personajes, si nadie los votó?. Menem, De La Rúa, Macri… la lista es larga
Voy a romper esa tradición. Yo si lo voté. Yo voté (en 1989) a Carlos Saúl Menem, y lo voté por buenos motivos.
En las elecciones de 1989 se presentaba el ingeniero Álvaro Alsogaray, con su plan liberal de siempre, el plan de ajuste que siempre proponía. El candidato oficialista del Presidente Alfonsín era el gobernador cordobés Eduardo Angeloz, que hablaba del “lápìz rojo”, de un plan tan similar al del Capitán-Ingeniero, que Alsogaray afirmaba que el dirigente radical había encontrado un borrador de su plan económico.
Frente a estos dos candidatos claramente neoliberales se encontraba la fórmula Carlos Saúl Menem-Eduardo Duhalde, un gobernador del interior con aires de caudillo federal, y un cacique del Conurbano que tenía ciertos méritos en su rol de intendente. Toda la campaña de Menem hacía pensar en un shock keynesiano, a eso sonaba el “salariazo” y la “revolución productiva”, y más aún un corte publicitario muy largo, de unos 20 minutos, que protagonizaba el “Cabezón” Duhalde, donde explicaba con detalle un plan de desarrollo de las PYMES según modelo italiano.
Yo voté a Carlos Saúl Menem, en 1989, para derrotar a los candidatos neoliberales. Voté en contra del plan de ajuste de Alsogaray y del lápiz rojo de Angeloz. No creo que sea necesario explicitar cuánto me molestó el viraje ideológico posterior del candidato riojano. En realidad mi decepción fue bastante temprana, pues comencé a sospechar que no había votado lo que yo suponía haber votado cuando se anunció el gabinete y me encontré a Jorge Triaca como Ministro de Trabajo. Recuerdo haber pensado: “Esto no es para mí. Yo me bajo”.
La verdad es que no me equivoqué, pues del salariazo, las pymes y la revolución productiva se pasó a un plan neoliberal al que le importaba poco cualquiera de las tres cosas.
En esos primeros años se daba un fenómeno muy patético: muchos que habíamos votado a Menem estábamos furiosos, y lo criticamos impiadosamente. ¿Quiénes lo defienden con más vigor? ¡Los que no lo habían votado, por supuesto!
Mi decepción era tan grande que en 1991 cometí un pecado del que todavía me arrepiento, tan o más grave que haber sido seducido por los cantos de sirena del turco: voté al MÁS.
Muchos sostienen que ese “peronismo” de Menem se plegó a una ola universal posterior a la caída del Muro de Berlín, como hicieron los socialismo europeos, e incluso muchos cuadros del apparatchik comunista del derrumbado bloque soviético.
La gran pregunta es si el peronismo puede ser neoliberal. Muchos sostienen que el peronismo es una fuerza política cambiante, que se adapta a los tiempos, y que en los noventa adoptó ese ropaje. Me encuentro más cerca de las opiniones que lo ven como un engendro, como algo absolutamente contrario a la naturaleza de un peronismo que nació para reemplazar a un sistema político liberal por otro nuevo. No en vano el peronismo siempre incluyó su propio centro, su propia izquierda y su propia derecha.
De lo que no queda duda es de que un núcleo muy importante de los votantes peronistas de Menem se sintieron estafados, engañados, por el giro inesperado de un líder carismático y simpático, pero flojo de principios.
El peronismo arrastrará siempre esta marca: haber apoyado un plan neoliberal en tiempos del dos veces presidente y oriundo de La Rioja. Pero, en defensa del peronismo, debemos decir que mientras fuerzas políticas europeas como la socialdemocracia fueron absorbidas por el tsunami neoliberal y asimiladas completamente, el peronismo tuvo al principio un puñadito de rebeldes, y luego una reacción total con el surgimiento, quince años después de esa elección nefasta, de una nueva versión del partido de Juan Perón, totalmente ajeno a los cantos de sirena de los neoliberales.
Carlos Saúl Menem se fue. Que descanse en paz. Y que no vuelva.

Belisario Beckford Gatti – @beckfordgatti

Miramos Azorados y no comprendemos


Desde la Provincia de Buenos Aires no entendemos lo que pasó. No podemos comprenderlo. Desde la provincia de Buenos Aires, y más precisamente desde el estigmatizado Gran Buenos Aires –no olvidemos lo africanizados que nos ven los ortopédicos y segregacionistas ojos de CABA- no entendemos el gesto, ni su necesidad, ni su confesión.
Y no lo entendemos porque vivimos días venturosos entre tanta desolación pandémica. No lo entendemos del todo por lo gratuito. No lo entendemos porque las vacunas, un poco más lentamente, han llegado y seguirán llegando. Porque se cumplen los renovados plazos. Porque aquí vemos cómo se contrató y se formó a un ejército de enfermerxs para llevar adelante una campaña de vacunación con sentido épico. Se dispuso la logística necesaria, engorrosa por lo extensión, compleja por la diversidad de los escenarios.
Un batallón de alegres militantes pobló esquinas explicando a los vecinos reticentes, ayudando en la escasez de recursos tecnológicos. Empleados públicos, destinados durante 2020 a repartir alimentos que el aislamiento y la crisis heredada hicieron necesarios, hoy se disponen a sumarse a un operativo sanitario sin precedentes.
Miramos azorados y no comprendemos, porque desde este humildísimo cordón superpoblado asistimos a una inscripción generalizada de candidatos a la vacuna, con listados públicos en que aparecen lxs abuelxs de cualquier vecino, concejal o barrendero, contador público o vendedor de galletitas. No entendemos porque desde hace 72 horas todxs tenemos a algún vecino o vecina mayor de 70 años que fue citadx o vacunadx ya. Vemos, en las escuelas asignadas por cada municipio, los movimientos entusiastas de colaboradorxs que acompañan a quienes van a vacunarse. Sabemos hasta de la meticulosa organización de “listados de suplentes” por si alguien falta a la cita y para que no se desaproveche esa vacuna recién descongelada.
Estamos viviendo días esperanzadores en este territorio supuestamente indómito. Y en ese contexto… ¡zas! En el Ministerio de Nación ocurre algo inconfesable que empaña y hasta amenaza con descorazonar. Y en ese contexto se me ocurre pensar que lo que volvió terrible el suceso fue el contexto territorial y la indecisión política.

  1. El contexto territorial
    Es público que en CABA, las autoridades no quieren vacunar; el confuso discurso de su ministro Quirós ha demorado la campaña de vacunación que, además, no cuenta con publicidad adecuada (¡con lo que gasta ese gobierno en aquel rubro!) y que muy tarde abrió registros que colapsan. Nadie sabe cuándo, dónde, cómo se vacunará todavía. En ese contexto de desesperación, en ese territorio donde cohabitan los edificios “nacionales”, al Ministro de la cartera nacional se le ocurre apurar la vacunación de algunos de sus ciudadanos… ¡gente acomodada! Comprendamos lo terrible de la decisión porque los vecinos directos de esos “elegidos” no tienen ni idea de cuándo les tocará a ellos porque el Señor Rodríguez Larreta se encaprichó en bajarle el precio a la gesta vacunatoria nacional y no quiere perder el apoyo de los tan buenos vecinos “antivacunas”. He ahí el centro del problema. Por eso se transforma en VIP la docena de vacunados en el ministerio. Larreta adelantó la línea y dejó en “orsai” al Ministerio de Nación. Porque si los mayores de 70 de CABA ya tuvieran su citación a vacunarse, el hecho hubiera sido equiparable a reservarle la platea diferencial a los amigos (lo que no deja de ser injusto, claramente). Pero la apelación recurrente a la “inmoralidad” de lo ocurrido se agiganta por la sencilla razón de que ningún vecino de Verbitsky tenía oportunidad de vacunarse en ese momento.
  2. La indecisión política
    Si en lugar de hacer como se hizo, de manera oculta, como favor personal (tan recurrente como procedimiento político en la Argentina), el Ministerio de Nación hubiera tomado la delantera política y, para apurar al malcriado de Larreta, hubiera abierto un vacunatorio en CABA, y lo hubiera hecho con una transmisión en cadena (como se merece el evento) y elegido al azar a 100 personas mayores de 70, de cada barrio porteño, y entre ellos incluye a un famoso periodista, a un respetadisimo senador, a un mediático diputado y hasta a algún miembro del directorio de Clarín para amplificar la publicidad de un hecho simbólico extraordinario, a la luz del día y cantando el himno… en fín, si lo hubiera hecho como lo haría el PRO (si la vacuna no fuera rusa y con escenografía amarilla…) nada de este dolor profundo atravesaremos los que apoyamos la campaña de vacunación. Eso es marketing, pero también es comunicación política y también es ganas de disputarle al poder la pelota y la cancha, en lugar de regalarles todo. Hasta un bochornoso gol en contra.

por Ricardo Krakobsky

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