Numero Ocho, Politica de Corbella

Esos Peronistas de Corea del Sur

En nuestro país el estudio de la economía está dominado por el neoliberalismo, que presenta su teoría económica no como eso, como una teoría entre tantas, sino como “la” economía, y lo que es peor aún, como las “Ciencias” económicas. Los neoliberales, auténticos talibanes del pensamiento económico, separan a las economía de sus disciplinas hermanas, las “ciencias” sociales, y la ubican más cerca de las ciencias exactas.
Esta particular visión del mundo económico que tienen los neoliberales deja de lado no sólo la concreta existencia de una multiplicidad de teorías económicas, sino el estudio de la experiencias históricas concretas de aquellos países que ya alcanzaron el desarrollo, que de ninguna manera son homogéneas.
Es común escuchar a economistas neoliberales ponderar la experiencia de los llamados “Tigres asiáticos”, y ponerlos como modelo de lo que se debería hacer para alcanzar idéntico resultado. Habría que arrancar diciendo que dichos felinos no lograron el desarrollo haciendo lo que nuestros gurúes del dios Mercado pregonan.
Uno de los casos más mentados de éxito económico explosivo en la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI es el de Korea del Sur.
Uno debería marcar, en primer lugar, que a países como Korea del Sur, Japón o Alemania, se les permitió mantener un alto perfil industrial y tecnológico porque defendían una frontera caliente del imperio norteamericano durante la Guerra Fría. Pero, más allá de esa circunstancia, deberíamos analizar qué tipos de políticas les permitieron alcanzar el desarrollo.
Nos dice Julián Varsavsky en una nota publicada por Página 12 (1) hace unos años: “La retórica del ‘milagro coreano’ continúa con una catarata de datos: entre 1963 y 1995 el PIB se multiplicó por 12; entre los años 1982 a 1997 la producción industrial aumentó 450 por ciento. Y en 30 años pasaron de ser un país agrario, a una potencia industrial que es la segunda constructora naval del mundo, la tercera en electrónica, la quinta en automóviles y la sexta en siderurgia” (1). El autor señala luego que esos análisis excluyen el alto nivel de explotación laboral y la espantosa tasa de suicidios de la sociedad coreana, las condiciones políticas en las que se lograron esos resultados (una dictadura militar muy represiva), y lo que señalamos antes, la posición estratégica dentro del conflicto global con el mundo comunista.
“El otro factor determinante en el tipo de relación económica con Estados Unidos fue el hecho de que Corea del Sur no es rica en reservas energéticas ni commodities que despertaran el interés extractivo de las trasnacionales: esto hizo que los norteamericanos les permitieran cierto desarrollo económico independiente” (1), nos dice Varsavsky.
En lo que respecta a las políticas concretas que desarrollaron los coreanos DEL SUR durante estos años, se parecen mucho más a las que impulsó el primer peronismo que a los delirios de libre mercado de los neoliberales:
“Las políticas de planificación surcoreana fueron lo opuesto, en varios aspectos, a la teoría neoliberal promovida hasta hoy por el Banco Mundial, con el cual Corea del Sur no se endeudó durante su despegue. Tampoco recurrieron a inversión extranjera. Se hizo una reforma agraria con expropiación sin indemnización de latifundios japoneses –los coreanos sí recibieron pago–, lo cual contrarrestó el reclamo de los comunistas sureños, que eran populares después de la guerra y fueron exterminados.
La tierra se repartió en pequeñas parcelas y el Estado exigía a los campesinos venderle parte de la producción a precio bajo –dejándolos en la pobreza–, otra intervención estatal apartada de la idea de una ‘mano invisible’ del mercado.
Para impulsar el desarrollo, se aplicó una política de industrialización por sustitución de importaciones, cerrando el ingreso al país de toda clase de productos extranjeros, salvo materias primas. El general Park nacionalizó el sistema financiero para engrosar el poderoso brazo estatal, cuya intervención en la economía fue a través de planes quinquenales: 1) Entre 1962 y 1966 se impulsó el desarrollo energético, textil y cementero. 2) Entre 1967 y 1971 se enfocaron en fibras sintéticas, petroquímica y equipos eléctricos. 3) Entre 1972 y 1976 se hizo eje en siderurgia, transporte, electrodomésticos y construcción naval.”(1)
Por supuesto que una vez alcanzado el desarrollo, los surcoreanos impulsan hoy medidas de libre mercado. Las medidas que impulsan los neoliberales sirven para países desarrollados. Nunca nadie se ha desarrollado llevando adelante esas políticas.
Ha Joon Chang es seguramente el más prestigioso economista contemporáneo de Corea del Sur. Es profesor de la Universidad de Cambridge y fue declarado en 2014 por la revista Time “una de las diez personas más influyentes del mundo”.
En su libro “Economía para el 99% de la población” (2) el economista surcoreano señala que los economistas neoliberales afirman que la economía puede explicarlo casi todo, cuando en realidad “ha fracasado estrepitosamente en lo que la mayoría de los no economistas consideran su tarea principal, es decir, explicar la actividad económica” (3).
Y concluye que “la economía parece sufrir un serio caso de megalomanía: ¿Cómo podría una disciplina que ni siquiera puede explicar su propia área pretender explicarlo (casi) todo?” (4).
Chang nos marca la existencia de 9 teorías económicas distintas (5), y critica duramente a los que analizan desde una sola de ellas, ya que: “dan por sentado que existe una sola manera correcta de ‘hacer economía’; es decir, el enfoque neoclásico. Los peores exponentes ni siquiera se toman el trabajo de informar a sus lectores de que existen otras escuelas de economía además de la neoclásica”, pese a que “existen muchas maneras diferentes de hacer economía, cada una de ellas con sus énfasis, sus puntos ciegos, sus fortalezas y sus debilidades” (6) por lo que recomienda siempre tomar en simultáneo dos o tres de esas teorías económicas, teniendo en cuenta cuáles son sus fortalezas y qué problemas concretos se pretende resolver.
Ha-Joon analiza pormenorizadamente el desarrollo capitalista en distintos países y épocas, y enfatiza que el esquema creado en la posguerra a partir del sistema de Bretton Woods y la emergencia de organismo como el FMI y el Banco Mundial ralentizó el crecimiento de los países desarrollados e interrumpió la “revolución industrial en el Tercer Mundo” (7).
Y concluye señalando que en la etapa de predominio de las ideas clásicas primero y neoclásicas después, “Chile fue el único país que prosperó bajo las políticas neoliberales de las décadas de 1980 y 1990, pero a expensas de un considerable costo humano bajo la dictadura de Augusto Pinochet (1974-1990).
Todas las otras historias de éxito en este período fueron naciones que usaron ampliamente la intervención estatal y que sólo liberalizaron gradualmente su economía. Los mejores ejemplos fueron Japón, los ‘tigres’ (o ‘dragones’, según cuál sea su animal predilecto) del Sudeste Asiático (Corea del Sur, Taiwán y Singapur) y, cada vez más, China” (8).
En definitiva, lo que queda claro es que aquellos que nos dicen que hay que hacer esto o aquello porque es lo que se hace “en todas partes del mundo” conocen poco del mundo, y, sobre todo, de su historia.

Adrián Corbella
NOTAS:
(1): Julián Varsavsky: “Corea del Sur no es un milagro”
https://www.pagina12.com.ar/104906-corea-del-sur-no-es-un-milagro
(2): HA-JOON CHANG: “Economía para el 99% de la población”, Editorial Debate, Buenos Aires, 2015
(3): Ha-Joon Chang, op.cit., pág.30
(4): Ha-Joon Chang, op.cit., pág.31
(5): Clásica, neoclásica, marxista, desarrollista, austríaca, schumpeteriana, keynesiana, institucionalista y conductista (ver páginas 155 a 158 del libro de Ha-Joon Chang antes citado)
(6): Ha-Joon Chang, op.cit., pág.38
(7): Ha-Joon Chang, op.cit., pág.94
(8): Ha-Joon Chang, op.cit., pág.95

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